TL;DR:
- Fast Company reconstruyó cómo Meta creó su laboratorio de inteligencia artificial en 2013 y terminó persiguiendo a OpenAI y Anthropic una década después.
- La empresa prevé una inversión de capital de entre 130,000 y 145,000 millones de dólares en 2026, contra 72,200 millones en 2025.
- Un empleado del laboratorio de superinteligencia, citado por ese reporte, describe la promesa de "superinteligencia personal" como una consigna sin plan de producto detrás.
Fast Company publicó el 27 de agosto de 2026 una reconstrucción de cómo Meta pasó de fundar uno de los primeros laboratorios de inteligencia artificial de Silicon Valley a correr detrás de sus rivales. El reporte de Harry McCracken documenta que Mark Zuckerberg creó FAIR en 2013 y contrató a Yann LeCun, pero que su apuesta por el metaverso ocupó justo los años en que OpenAI lanzó ChatGPT. La cuenta del regreso ya es visible: Meta prevé una inversión de capital de entre 130,000 y 145,000 millones de dólares en 2026, pagó unos 14,000 millones por el 49% de Scale AI y despidió a 8,000 empleados en mayo. Lo que todavía no aparece es un producto de IA que la gente use a diario.
El laboratorio llegó en 2013 y lo que dejó fue PyTorch
Zuckerberg no ignoró la inteligencia artificial. FAIR, siglas de Facebook AI Research, nació a finales de 2013 con LeCun al frente y con el encargo de superar el nivel humano en visión, audio y lenguaje. Su aportación más duradera no fue un asistente sino PyTorch, el marco de trabajo de código abierto que se volvió estándar de la industria y que adoptaron otras empresas, incluida OpenAI.
M.G. Siegler, autor del boletín Spyglass y una de las voces citadas en el propio reporte de Fast Company, añade un matiz al relato fundacional: aquella contratación de LeCun llegó después de que Zuckerberg perdiera la puja por comprar DeepMind.
Mientras el laboratorio investigaba, la prioridad del fundador era otra. Facebook había fracasado con su intento de teléfono propio, que AT&T bajó de 99 dólares a 99 centavos en menos de un mes, y en 2014 compró Oculus VR por cerca de 3,000 millones de dólares. En octubre de 2021 la compañía cambió de nombre. Trece meses después llegó ChatGPT.
Ese desvío tuvo precio propio: Meta perdió 84,000 millones de dólares en Reality Labs, la división de hardware del metaverso, entre 2020 y 2025, según las cifras que recoge Fast Company.
La estrategia abierta de Llama empezó con una filtración
En febrero de 2023 Meta anunció Llama y planeaba compartirlo con investigadores caso por caso. Una semana más tarde apareció una versión filtrada en 4chan y el modelo quedó al alcance de cualquiera que supiera instalarlo. Hubo temor por el uso indebido, y algo de eso ocurrió, pero también entusiasmo por la posibilidad de repartir la tecnología.
Un memorando interno de Google escrito por el ingeniero Luke Sernau y publicado por SemiAnalysis resumió el saldo: el único ganador claro de todo aquello era Meta, que se había quedado con el trabajo gratuito de un planeta entero. Cinco meses después, la empresa liberó Llama 2 como modelo de pesos abiertos y en abril de 2024 hizo lo mismo con Llama 3.
Siegler subraya el punto incómodo: la apertura se convirtió en estrategia de forma retroactiva, después del accidente, no antes.
El impulso se agotó con Llama 4. Meta presumió resultados en pruebas de la industria que correspondían a una versión que no llegó a publicar. Fast Company recoge que LeCun dijo al Financial Times que esas cifras estaban algo maquilladas y que el episodio hizo que Zuckerberg perdiera la confianza en el equipo de FAIR. The Wall Street Journal reportó además un retraso en una versión más potente, apodada Behemoth; un vocero de Meta calificó ese reporte de especulación y rumor. LeCun terminó saliendo de la empresa para fundar su propia startup.
El regreso ya cuesta 8,000 despidos y casi todo el flujo de caja
Meta compró buena parte de su regreso. En junio de 2025 pagó unos 14,000 millones de dólares por el 49% de Scale AI, su segunda operación más cara después de los 22,000 millones de WhatsApp en 2014, y colocó al cofundador de Scale, Alexandr Wang, al frente de los nuevos Meta Superintelligence Labs. Otra compra, la del agente Manus por 2,000 millones, quedó deshecha por los reguladores chinos.
El grueso del gasto va a infraestructura. Meta ajustó en julio su guía de inversión de capital para 2026 a un rango de 130,000 a 145,000 millones de dólares, después de gastar 72,200 millones en todo 2025. El efecto ya se ve en la caja: según CNBC, el flujo de caja libre del segundo trimestre cayó a 784 millones de dólares, contra 8,550 millones un año antes, y la acción retrocedió 10% tras la presentación de resultados del 29 de julio. La utilidad neta del trimestre fue de unos 15,800 millones de dólares.

La reorganización golpeó a la plantilla. Semanas después de lanzar su primer modelo propio, Meta despidió a unas 8,000 personas, cerca del 10% de su fuerza laboral, con los equipos de hardware del metaverso entre los más afectados, y movió a otras 7,000 a acelerar el desarrollo de modelos. La empresa también empezó a registrar pulsaciones de teclado y movimientos de mouse de sus empleados como material de entrenamiento, un programa que después suspendió.
El reporte cuenta el ánimo interno con fuentes que no identifica. Un trabajador de Meta Superintelligence Labs llama a la superinteligencia personal una consigna y no una hoja de ruta de producto, y una persona del sector afirma que los fichajes mejor pagados están ahí para aguantar mientras dure el interés de Zuckerberg y sacar el máximo dinero posible. El propio director de tecnología, Andrew Bosworth, admitió en un memorando interno reportado por Wired que la explicación de la visión había sido pésima. Meta declinó poner ejecutivos a disposición de Fast Company para entrevistas grabadas.
Sin un producto de consumo, el gasto sigue sin respuesta
Meta despachó tres versiones de Muse Spark, su nuevo modelo insignia, en menos de cuatro meses desde abril de 2026. El 10 de agosto, el mismo día en que Zuckerberg publicó su manifiesto de 6,537 palabras, liberó Muse Glimmer, un modelo de pesos abiertos ligero para correr en una computadora potente. A principios de ese mes había lanzado Muse Code, su primer agente de programación, que compite contra Claude Code de Anthropic.
En lugar de centralizar la superinteligencia, deberíamos distribuirla ampliamente [...]
Eso escribió Zuckerberg en el manifiesto. Lo que no explica es cuál será el producto. Lo que ha lanzado hasta ahora, como Pocket, una app para crear juegos simples, no se parece a una superinteligencia personal, y Ben Bajarin, de la consultora Creative Strategies, considera que Meta no tiene la gente ni el software para montar un negocio de nube comparable al de Google.
La presión regulatoria corre en paralelo. Meta acaba de cerrar la demanda de 29 estados por el diseño adictivo de sus plataformas con un acuerdo de hasta 17,100 millones de dólares y cambios en sus productos, además de 942 millones en multas en Nuevo México.

La apuesta de hardware es la que sí aterrizó. Meta y EssilorLuxottica concentran 69% del incipiente mercado de gafas inteligentes, según IDC, que espera que la categoría llegue a casi 40 millones de unidades anuales en 2030. Muy lejos de los teléfonos, pero es el único de sus intentos de plataforma propia que consiguió tracción real.
Meta financia todo esto con el motor de siempre: la publicidad aportó 98% de sus ingresos del segundo trimestre, según Fast Company. Más de doce años después de abrir FAIR, la superinteligencia personal se paga con anuncios y sigue sin un producto que la explique.