Un cráneo fósil casi completo apunta a que un pequeño dinosaurio sin dientes se había especializado en procesar alimentos blandos, posiblemente frutos carnosos, hace unos 66 millones de años. Los investigadores llamaron a la especie Infernogallus jamesi y reconstruyeron el funcionamiento de su mandíbula mediante tomografías. La dieta es una interpretación de su anatomía, no el resultado de haber identificado fruta en su estómago.
El ejemplar pertenece a los caenagnátidos, una familia de dinosaurios terópodos del grupo de los ovirraptorosaurios. Sus restos proceden de la Formación Hell Creek, en Estados Unidos, y se exhiben en el Royal Ontario Museum, en Toronto. El museo calcula que el animal tenía el tamaño aproximado de un pavo y pesaba unos 12 kilogramos; esa cifra corresponde al dinosaurio, no al cráneo.
El nombre Infernogallus significa "gallina del infierno" y alude a Hell Creek. El estudio, encabezado por Greg Funston, de Stony Brook University, apareció el 10 de octubre de 2026 en Nature Communications como una versión anticipada de la investigación revisada por pares.
Una mandíbula para aplastar alimentos blandos
Los caenagnátidos eran conocidos por restos fragmentarios, pero el ejemplar de Infernogallus conserva un cráneo articulado casi completo. Partes de la mandíbula estaban aplastadas, así que el equipo utilizó tomografías para separar y reconstruir digitalmente los huesos.
Los huesos del paladar se curvaban hacia el interior de la boca. A partir de su forma, los investigadores reconstruyeron una disposición muscular que habría permitido mover la mandíbula de adelante hacia atrás. Crestas y surcos en el pico habrían ayudado a aplastar y cortar alimento blando.
El equipo comparó esos rasgos con los de animales actuales, entre ellos loros que comen fruta. Su hipótesis es que Infernogallus podía procesar frutos carnosos con una semilla o hueso central. Las cerezas y los duraznos sirven para imaginar ese tipo de fruto; no identifican las especies que comió el dinosaurio.
La especialización tampoco equivale a un menú exclusivo. Funston dijo a IFLScience que Infernogallus "probablemente también comía otras plantas blandas". La reconstrucción favorece una dieta adaptada a vegetales blandos, con fruta como candidata, pero por sí sola no establece cuánto representaba cada alimento.
Las aves fósiles ya daban una pista sobre la fruta
El museo presenta el hallazgo como el primer dinosaurio conocido especializado en fruta. Para entender el alcance de esa descripción conviene distinguir entre dinosaurios no avianos y aves, que también pertenecen al linaje de los dinosaurios.
En 2022, otro equipo publicó en eLife un análisis de Jeholornis, un ave temprana que vivió en lo que hoy es China hace unos 120 millones de años. Al comparar su cráneo con los de aves actuales y estudiar semillas intactas conservadas en fósiles, los autores propusieron que comía frutos enteros al menos durante parte del año.
Ese indicio es anterior a Infernogallus por unos 54 millones de años. La comparación muestra que había evidencia de consumo de fruta en un dinosaurio aviano; no demuestra que ambos animales tuvieran la misma dieta ni el mismo grado de especialización.
La dispersión de semillas sigue abierta
Los autores del nuevo trabajo plantean que los caenagnátidos pudieron participar en la dispersión de semillas durante la expansión de las plantas con flores. Es una posibilidad ecológica: procesar un fruto no demuestra por sí mismo que el animal transportara semillas viables y ayudara a esas plantas a extenderse.
Por ahora, el cráneo de Infernogallus aporta una pieza para reconstruir cómo se alimentaba un grupo de dinosaurios del que se conocían pocos restos craneales. Su posible papel en la proliferación de los frutos sigue sin resolverse, señalan los investigadores.