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Fósil de serpiente de 80 millones de años revela una vida bajo tierra

El fósil brasileño de Tametara mirim muestra que las primeras serpientes ya exploraban la vida bajo tierra.

por Alejandro Castillo Leone
Detailed close-up of fossilized dinosaur bones preserved in rock formation.
Foto de Alex Bian en Pexels

TL;DR:

  • Investigadores describieron Tametara mirim, una de las serpientes más antiguas conocidas con un fósil articulado y preservado en tres dimensiones.
  • La forma de su cerebro, oído interno y cráneo indica que excavaba bajo tierra, probablemente utilizando la cabeza.
  • El hallazgo muestra que las serpientes primitivas ocuparon ambientes subterráneos, terrestres y marinos mediante caminos evolutivos distintos.

Un equipo internacional describió en la revista Nature a Tametara mirim, una serpiente que vivió entre 75 y 85 millones de años en lo que hoy es el sureste de Brasil. El fósil conserva buena parte del cráneo en tres dimensiones, incluida la caja craneana, y permitió reconstruir digitalmente su cerebro, los nervios craneales y el oído interno.

La anatomía apunta a que esta especie llevaba una vida fosorial, es decir, adaptada a excavar y desplazarse bajo tierra. El hallazgo importa porque sugiere que las primeras serpientes no siguieron una sola ruta evolutiva: algunas ocuparon túneles, otras vivieron sobre la superficie y varias se adaptaron a ambientes marinos.

El ejemplar fue descubierto en 2020, en el municipio de Presidente Prudente, estado de São Paulo. Medía aproximadamente 42 centímetros y es el primer fósil articulado de serpiente encontrado en Brasil. También pertenece a un grupo muy reducido de fósiles de serpientes mesozoicas preservados en tres dimensiones.

El reporte de Reuters señala que se conserva cerca del 60% del cráneo y alrededor del 70% de la columna vertebral. La especie vivió junto a dinosaurios saurópodos, cocodrilos y aves durante el Cretácico.

El cráneo permitió reconstruir los sentidos de una serpiente antigua

La mayoría de los fósiles de serpientes primitivas aparecen comprimidos dentro de las rocas. En cambio, el cráneo de Tametara mantuvo una estructura tridimensional suficiente para que los investigadores aplicaran tomografía computarizada de alta resolución.

La reconstrucción mediante micro-CT permitió comparar su cerebro con el de Dinilysia patagonica, otra serpiente del Cretácico hallada en Argentina, y con más de 100 especies modernas.

Los resultados revelaron varias características relacionadas con la vida subterránea:

  • El centro visual del cerebro estaba menos desarrollado que en muchas serpientes actuales, una señal compatible con un animal que dependía menos de la vista.
  • La región del oído interno vinculada con el equilibrio y la percepción de vibraciones ocupaba una parte considerable del cráneo.
  • La bóveda craneana y la microestructura de los huesos presentaban rasgos asociados con animales que excavan utilizando la cabeza.
  • La forma general del cerebro era distinta de la observada en otras serpientes primitivas y en la mayoría de los linajes modernos.

Simone Macrì, coautora del estudio e investigadora posdoctoral del Instituto de Biotecnología de la Universidad de Helsinki, resumió el valor de analizar el cerebro fosilizado:

"La parte emocionante para mí es que el cerebro cuenta una historia mucho más rica que el esqueleto por sí solo", explicó Simone Macrì.

Tametara mirim probablemente excavaba con la cabeza

Fosorial describe a un animal adaptado a vivir y desplazarse bajo tierra. En el caso de Tametara mirim, la conclusión no depende de una sola característica. La forma del cerebro y la microestructura ósea apuntan de manera independiente hacia el mismo comportamiento.

El cráneo era relativamente grueso y su estructura coincide con la de animales que soportan presión al abrir túneles. Los investigadores interpretan que Tametara pudo haber sido una excavadora de cabeza, similar en ese aspecto a algunas serpientes actuales.

El fósil también deja varios aspectos sin resolver:

  • La zona de la cadera no se preservó, por lo que no se pueden observar directamente sus patas traseras. Los investigadores consideran probable que tuviera extremidades posteriores robustas, como otras serpientes primitivas.
  • El ejemplar no conserva dientes, así que la idea de que se alimentaba de insectos sigue siendo una posibilidad, no una confirmación.
  • La ausencia de dientes también impide determinar si tenía veneno.
⚠️
El fósil no demuestra que todas las serpientes se originaran bajo tierra. El estudio identifica a Tametara mirim como una especie excavadora y sitúa al ancestro común de las serpientes en una condición transicional entre ambientes subterráneos y terrestres.

La evolución temprana tuvo ramas subterráneas, terrestres y marinas

La comparación con Dinilysia patagonica reforzó la idea de que las serpientes primitivas ya mostraban diferencias ecológicas importantes. La forma del cerebro y los huesos de Dinilysia apunta a una vida sobre la superficie, mientras que otros fósiles encontrados en sedimentos marinos muestran que algunas líneas también se adaptaron al agua.

Los investigadores compararon esas características con especies actuales para rastrear la relación entre anatomía, sentidos y hábitat. El resultado muestra una diversidad neurológica considerable en una etapa muy temprana de la evolución de las serpientes.

"La condición ancestral de todas las serpientes no estaba fuertemente adaptada a un solo hábitat. Era transicional, entre ambientes subterráneos y terrestres", explicó Tiago Simões, autor principal del estudio.

Las serpientes probablemente surgieron hace unos 170 millones de años, durante el Jurásico, pero no existen fósiles jurásicos con una conservación comparable. Los restos del Cretácico son escasos y suelen aparecer incompletos, por lo que cada cráneo tridimensional aporta información difícil de obtener por otras vías.

Qué cambia sobre el origen de las serpientes

El fósil ayuda a explicar cómo algunas serpientes primitivas pudieron adaptarse a ambientes subterráneos, pero no resuelve por sí solo por qué sus antepasados perdieron las extremidades. La cadera de Tametara no está preservada y su anatomía debe interpretarse junto con otros fósiles, como Najash rionegrina, que todavía conservaba patas traseras.

La evidencia sí permite descartar una historia demasiado sencilla. La evolución temprana de las serpientes incluyó varias transiciones independientes entre ambientes excavadores, terrestres y marinos. Sus cerebros y cráneos cambiaron junto con esos hábitats mucho antes de que aparecieran los linajes modernos.

El cráneo de Tametara mirim ofrece una ventana poco común a los sentidos y el comportamiento de una serpiente del Cretácico. Su mayor aporte no es señalar un único lugar donde comenzó la historia de estos reptiles, sino mostrar que ya estaban probando distintas soluciones evolutivas hace unos 80 millones de años.

Fuentes: 1, 2, 3

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por Alejandro Castillo Leone

Soy un amante del arte y la cultura. Desde el 2021 dirijo una web dedicada a la historia de mi país y he emprendido la misión de vivir para la cultura, alimentándome principalmente del ámbito Hispanoamericano.

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