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El satélite CosmoCube quiere oír el universo sin estrellas antes de que la Luna se llene de ruido

Nature Astronomy publicó la propuesta de un satélite del tamaño de una maleta que orbitaría la Luna para captar la señal del hidrógeno anterior a las primeras estrellas. El propio artículo pide lanzar antes de que la cara oculta se llene de señales humanas.

por Dilis Salazar
A detailed photograph of a full moon in the night sky, captured from Israel.
Foto de Samir Smier en Pexels

TL;DR:

  • Nature Astronomy publicó el 14 de agosto de 2026 la propuesta de CosmoCube, un satélite del tamaño de una maleta de mano que orbitaría la Luna para captar la línea de 21 centímetros del hidrógeno neutro.
  • Trabajaría entre 10 y 50 MHz, escudado del ruido terrestre unos 40 minutos de cada órbita de dos horas, y reuniría 1,000 horas de observación en dos años.
  • El equipo lleva concedidos más de 2 millones de libras de la agencia espacial británica y calcula el costo total en poco menos de 50 millones; el artículo pide lanzar antes de que la cara oculta se contamine con señales humanas.

Un equipo internacional encabezado por la Universidad de Cambridge publicó el viernes 14 de agosto de 2026, en Nature Astronomy, la propuesta de CosmoCube, un satélite del tamaño de una maleta de mano pequeña que orbitaría la Luna para captar la línea de 21 centímetros, la emisión de radio del hidrógeno neutro en el tramo que va del resplandor del Big Bang a la aparición de las primeras estrellas. Nadie ha observado esa época de forma directa. El plan aprovecha una ventaja geométrica sencilla, porque cada vez que el satélite pasa por detrás de la Luna la roca tapa el ruido de radio que sale de la Tierra. Y el artículo añade una condición poco habitual en un texto de cosmología: pide lanzar en pocos años, antes de que el espectro de la cara oculta quede contaminado por señales humanas.

La Luna funciona como escudo, pero solo una parte de cada órbita

CosmoCube observaría entre 10 y 50 MHz, un rango que los radiotelescopios terrestres tienen prácticamente vedado. La longitud de onda original de 21 centímetros llega estirada por la expansión del universo, y a esas frecuencias bajas la ionosfera de la Tierra bloquea lo que queda. Encima está el ruido de la civilización, con la radio FM, los satélites y las telecomunicaciones metiéndose en la misma banda.

La órbita lunar despeja las dos cosas de un golpe. Según la Universidad de Cambridge, el satélite quedaría escudado del ruido terrestre unos 40 minutos de cada órbita de dos horas y, en una misión prevista de dos años, reuniría alrededor de 1,000 horas de datos aprovechables. El autor principal, Eloy de Lera Acedo, del Laboratorio Cavendish de Cambridge, lo dice sin rodeos:

La cara oculta de la Luna es en verdad la única opción

El nombre del sitio se presta a confusión, y los titulares en inglés lo mezclan: es la cara oculta, no la cara oscura. La Luna gira sobre sí misma en el mismo tiempo que tarda en dar una vuelta a la Tierra, así que siempre nos muestra el mismo hemisferio, pero el otro recibe luz solar igual que este. Lo que lo vuelve valioso para la radioastronomía es el silencio, no la oscuridad. El comunicado de Cambridge titula con "dark side" y en el cuerpo escribe "far side".

A large radio telescope under a clear evening sky captures cosmic signals.
Imagen ilustrativa de un radiotelescopio terrestre; CosmoCube trabajaría en frecuencias que estos instrumentos casi no alcanzan desde la Tierra · Foto de Alejandro De Roa en Pexels

Estar detrás de la Luna, eso sí, no resuelve todo. Cambridge describe otros tres estorbos que viajan con el instrumento o vienen del propio cielo, y son los mismos que han complicado los intentos hechos desde el suelo. Esta es la lista de problemas y la respuesta que propone el equipo, según esa descripción:

Obstáculo Respuesta propuesta
La ionosfera terrestre bloquea las frecuencias necesarias Observar desde órbita lunar, fuera de la atmósfera
Radio FM, satélites y telecomunicaciones La Luna tapa la Tierra unos 40 minutos por órbita
Ruido de la electrónica del propio satélite Calibrador tipo Dicke que alterna entre el cielo y varias fuentes internas de referencia
Emisión de radio de la Vía Láctea Métodos estadísticos bayesianos aplicados a los datos ya en Tierra
Distorsiones que introduce la antena Simulaciones y mediciones en vuelo para reconstruir su respuesta

El instrumento es un radiómetro miniaturizado montado sobre RF-Systems-on-Chip, y la plataforma, bautizada SSTL-21, corre a cargo de SSTL, la fabricante británica de satélites pequeños. Entre los socios académicos del Reino Unido están la Universidad de Portsmouth y RAL Space, del STFC. Will Grainger, coautor y miembro de RAL Space, explicó que ya probaron modelos representativos del satélite y su carga útil para verificar que el desempeño térmico permita hacer mediciones sensibles en las condiciones de temperatura de la órbita lunar.

El artículo se pone una fecha límite que no depende de la ciencia

El resumen del trabajo dice algo que casi nunca aparece en un texto de cosmología: hay que lanzar en pocos años, antes de que el espectro de la cara oculta se contamine con señales de origen humano. Cambridge lo repite con nombres y señala que Estados Unidos, India y otros países preparan misiones para aprovechar ese mismo silencio.

La fila de países con planes lunares para esta década sigue creciendo, y no la integran solo las grandes agencias.

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Phil Bull, profesor de cosmología en el Jodrell Bank Centre for Astrophysics y ajeno al proyecto, le puso el marco más crudo en declaraciones a The Guardian. Celebró que las mediciones ayudarían a entender los procesos que formaron las primeras estrellas y galaxias, pero advirtió que CosmoCube no es la única misión que persigue ese dato y que otras podrían llegar antes. Bull añadió que las misiones lunares planeadas podrían traer exactamente el tipo de ruido de radio del que este proyecto intenta escapar, y que eso lo convierte en una carrera contra el reloj.

La competencia no es hipotética. La lista de referencias del propio artículo cita varias iniciativas para observar radio desde la cara oculta, entre ellas LuSEE-Night, el Lunar Crater Radio Telescope, FarView, DAPPER y PRATUSH.

Más de 2 millones de libras concedidos de unos 50 millones estimados

El texto publicado en Nature Astronomy es una "Perspective", el formato que la revista reserva para propuestas y planteamientos, no un reporte de resultados. Se recibió el 14 de marzo de 2025 y se aceptó el 22 de junio de 2026, quince meses de revisión después. CosmoCube todavía no es una misión aprobada ni tiene fecha de lanzamiento.

De Lera Acedo declaró a The Guardian que el costo total se estima en poco menos de 50 millones de libras, que esperan lanzar dentro de unos cinco años y que la UK Space Agency ya les concedió más de 2 millones. Cambridge apunta además que el equipo se presentó a la convocatoria de ideas mini-F de la Agencia Espacial Europea, cuyo objetivo de costo por misión está por debajo de los 50 millones de euros. Son dos cifras distintas, en dos monedas distintas, y ninguna equivale a un presupuesto asegurado.

Lo que sí existe hoy son prototipos de laboratorio funcionando y pruebas ambientales en marcha, según Cambridge. Es la etapa previa al desarrollo de la carga útil completa.

La señal que EDGES dijo haber visto y SARAS 3 rechazó

En 2018, el experimento EDGES, instalado en Australia, reportó en Nature un perfil de absorción centrado en 78 MHz y lo interpretó como la huella del amanecer cósmico. Su amplitud era mucho mayor que la que predicen los modelos cosmológicos estándar.

Cuatro años después, el radiómetro indio SARAS 3, del Raman Research Institute, midió el cielo entre 55 y 85 MHz y publicó en Nature Astronomy que el mejor ajuste de aquel perfil queda rechazado con 95.3% de confianza y que ese perfil no tiene origen astrofísico. La disputa nunca se cerró, y ahí está la razón por la que la calibración del instrumento y la resta del primer plano galáctico ocupan tanto espacio en el diseño de CosmoCube: fueron esos dos puntos, y no la falta de sensibilidad, los que dejaron el hallazgo de 2018 en el aire.

El detalle que une las dos historias está en la lista de autores. Judd Bowman, de la Universidad Estatal de Arizona y primer firmante de aquel trabajo de 2018, aparece entre los 22 autores de la propuesta de CosmoCube.

Mientras esa medición siga sin resolverse, la edad oscura será el último capítulo grande de la historia del universo que nadie ha leído de forma directa. CosmoCube plantea una vía barata para intentarlo, con un plazo que ya corre en su contra: el de llegar antes que el ruido.

Fuentes: 1, 2, 3

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