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El primer mapa del gusto de una mosca: su garganta está cableada a las células de insulina

Un equipo dirigido desde la Fundación Champalimaud trazó todas las neuronas del gusto de una mosca, desde las patas y la garganta hasta las neuronas motoras que mueven el aparato de alimentación. El circuito funciona como un freno que solo se suelta con un sabor atractivo.

por Patricia Rodriguez
Close-up of vibrant red and green betel nut palm fruits in daylight, showcasing growth.
Foto de Tristan Le en Pexels

TL;DR:

  • Un equipo dirigido desde la Fundación Champalimaud publicó en Cell el conectoma completo del gusto de la mosca de la fruta, el primero de un animal.
  • El circuito mantiene un freno sobre las neuronas motoras de la alimentación y solo lo suelta cuando el sabor atractivo es lo bastante fuerte; los autores identificaron 24 tipos de neurona motora de alimentación.
  • Ciertas neuronas del gusto dentro de la garganta conectan con células neuroendocrinas y productoras de insulina, un cableado que los autores proponen como posible explicación de la respuesta anticipada a la comida.

La mosca de la fruta ya tiene mapeado su sentido del gusto de principio a fin. Un equipo dirigido por la Fundación Champalimaud, en Lisboa, publicó este 3 de septiembre de 2026 en la revista Cell el primer conectoma gustativo completo de un animal: todas las neuronas receptoras del sabor repartidas por el cuerpo, rastreadas hasta las neuronas motoras que accionan la alimentación. El trabajo se apoya en el conectoma del sistema nervioso central de la mosca macho publicado el mismo día, y suma los mapas ya existentes del cerebro de la hembra y del cordón nervioso del macho. Importa porque el gusto decide en fracciones de segundo qué entra al organismo y qué se rechaza, y porque hasta ahora su circuitería estaba mucho menos cartografiada que la visión o el olfato.

El gusto de la mosca no está en la boca

Una mosca prueba con las patas. También con las alas, con las piezas bucales y con el interior de la garganta, así que sus receptores del sabor están repartidos por el cuerpo mucho más que los de otros sentidos. Esa dispersión es la razón por la que nadie había completado el catálogo antes.

Del mapa salió un principio de organización. Las neuronas que transportan señales con una valencia parecida, es decir, las que dicen "bueno" o las que dicen "malo", convergen en los mismos circuitos profundos del cerebro. La convergencia no borra el origen: según describe el equipo, una señal atractiva detectada en la pata puede llevar a la mosca a detenerse e investigar, mientras que una detectada dentro de la garganta regula la deglución.

Un freno neuronal que el sabor tiene que soltar

El circuito no activa de forma directa a las neuronas motoras de la alimentación. Las mantiene frenadas mediante desinhibición, y ese freno solo cede cuando la señal atractiva alcanza cierta intensidad. Después entra una segunda vía, más lenta, que sostiene el movimiento mientras la mosca come. Los autores interpretan el diseño como una forma de evitar la ingesta de sustancias dañinas sin sacrificar la continuidad de la comida.

"Comer no es una sola decisión, sino una secuencia", explicó Inês de Haan Vicente, técnica de investigación en el laboratorio de Carlos Ribeiro y coautora principal. La mosca frena, extiende y coloca el órgano de alimentación, prueba y traga. El equipo identificó 24 tipos de neurona motora de alimentación y trazó las rutas que llegan a cada uno, de modo que cada paso de esa secuencia puede asociarse a un sensor concreto.

A butterfly rests on juicy orange slices on a rustic table outdoors, capturing a natural moment.
El gusto de la mosca se distribuye por patas, alas, piezas bucales y garganta. Imagen ilustrativa. · Foto de Александр Лич en Pexels

La garganta, la insulina y hasta dónde llega la evidencia

El hallazgo con más alcance aparece al final del trayecto gustativo. Ciertas neuronas del gusto situadas dentro de la garganta conectan con células neuroendocrinas y con células productoras de insulina. Ese cableado, dice el equipo, ofrece una primera imagen de cómo el sistema nervioso puede avisar al cuerpo que viene comida antes de que los nutrientes se absorban.

Ibrahim Tastekin, investigador posdoctoral del laboratorio de Ribeiro y coautor principal, señaló que las respuestas anticipadas de insulina ante la vista, el olor o el sabor de la comida ya se conocían, incluso en humanos, y que lo nuevo es ver un cableado posible; planteó además que un circuito así podría explicar por qué el sabor de un refresco sin calorías llegaría a disparar insulina aunque no lleguen calorías detrás.

Conviene marcar el límite. El estudio describe la anatomía de un circuito en una mosca, no un experimento en personas ni una medición del efecto de una bebida concreta. La conexión con los refrescos de dieta es una hipótesis que los propios autores presentan como tal.

El mapa sirve para elegir qué neurona manipular

Ribeiro, investigador principal de Champalimaud, encuadra el conectoma como herramienta de partida: quien estudie cómo el gusto controla la locomoción puede ir al mapa, ver qué neuronas sensoriales conectan con las que gobiernan el movimiento y decidir cuáles manipular en el laboratorio. El propio equipo apunta a comparar el procesamiento del sabor entre sexos, por ejemplo el aumento del apetito por proteína que muestran las hembras tras el apareamiento.

Fuera de la biología básica, la utilidad es concreta: entender el gusto de los insectos toca la transmisión de enfermedades, la agricultura y qué plagas atacan qué cultivos. Ese es el terreno donde un mapa de moscas deja de ser un asunto de laboratorio.

Fuentes: 1, 2

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por Patricia Rodriguez

Patricia Rodriguez es redactora de FomoEra. Cubre tecnología, ciencia, inteligencia artificial, negocios y actualidad digital. También trabaja en escritura y edición de contenido audiovisual.

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