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El efecto Hall también responde en el plano y bastaría un sensor donde hoy van dos, pero en frío

Carnegie Mellon midió una señal Hall que aparece con la magnetización dentro del plano del material, en un apilamiento de unas pocas capas atómicas. El artículo salió en Nature Materials en mayo y la aplicación que promete, un sensor para dos ejes, sigue atada al frío.

por Gerardo Pavez
Detailed close-up of a microprocessor circuit board showcasing intricate circuitry and components.
Foto de ed br en Pexels

TL;DR:

  • Físicos de Carnegie Mellon midieron un efecto Hall anómalo que responde a la magnetización dentro del plano del material y no solo a su componente perpendicular. El artículo salió en Nature Materials el 28 de mayo de 2026.
  • El dispositivo apila unas pocas capas atómicas de TaIrTe4 sobre el aislante ferromagnético Cr2Ge2Te6, y la señal se ajusta con voltaje de compuerta.
  • La aplicación que reivindica el equipo, un solo sensor capaz de medir el campo en dos ejes, sigue atada a temperaturas bajas y a un mecanismo que los propios autores no dan por identificado.

Un equipo del Departamento de Física de Carnegie Mellon registró una señal Hall que aparece cuando la magnetización del material queda dentro de su plano, y no perpendicular a él, como exige la regla habitual del efecto Hall anómalo. El trabajo apareció en Nature Materials el 28 de mayo de 2026 y la universidad lo difundió el 28 de agosto. El dispositivo tiene tamaño nanométrico: una lámina de telururo de tantalio e iridio, TaIrTe4, adelgazada hasta unas cuantas capas atómicas y colocada junto al aislante ferromagnético Cr2Ge2Te6. En ese apilamiento, un mismo dispositivo registró la señal Hall convencional y una segunda ligada a la magnetización en el plano. Los autores reivindican una utilidad concreta, medir dos direcciones del campo magnético con una sola pieza, algo que hoy exige dos sensores.

La regla que cayó es la del efecto Hall anómalo, no la de 1879

En 1879, Edwin Hall mostró que un campo magnético perpendicular a un material desvía las cargas en movimiento y produce un voltaje medible. Ese voltaje sigue diciendo si la corriente la llevan cargas positivas o negativas, cuántas hay y con qué facilidad se mueven. De ahí salieron los sensores Hall que hoy viven dentro de automóviles y teclados de computadora.

Lo que midió Carnegie Mellon es otra cosa. El efecto Hall anómalo aparece en materiales magnéticos y depende de la magnetización, no solo del campo externo. Su tratamiento teórico arranca en trabajos de mediados del siglo XX, como el de Karplus y Luttinger sobre el efecto Hall en ferromagnetos, de 1954. La condición que gobernaba ese efecto pedía que la respuesta fuera proporcional a la componente de la magnetización perpendicular al plano. Es esa condición, y no el hallazgo de 1879, la que el nuevo dispositivo rompe.

"También se obtiene respuesta cuando el campo está en el plano", dijo Simranjeet Singh, profesor asociado de física y autor de correspondencia del estudio.

Carnegie Mellon presenta el resultado como la primera demostración experimental de una idea que hasta ahora solo existía en la teoría. La bibliografía del propio artículo acota ese alcance. Incluye reportes previos de un efecto Hall anómalo en el plano en otros sistemas, entre ellos un trabajo sobre una superred heterodimensional publicado en Nature en 2022 y mediciones en películas de un semimetal de Weyl magnético publicadas en Physical Review Letters en 2024. El título del artículo también acota la novedad: la demostración es en un sistema de baja dimensión.

Para que la señal aparezca hay que dejar un solo plano de simetría

TaIrTe4 es un semimetal topológico de baja simetría. Al ponerlo junto a un aislante ferromagnético, el sistema conserva un único plano especular, según describe el resumen del artículo. Cuando la magnetización adquiere una componente dentro de ese plano, la simetría que quedaba se rompe y la respuesta Hall pasa a depender de las dos componentes, la del plano y la perpendicular.

El magnetismo no nace del TaIrTe4, que por sí mismo no es magnético. Llega de la capa vecina, porque la proximidad del Cr2Ge2Te6 le transfiere propiedades magnéticas sin borrar sus características electrónicas. Singh resumió el trabajo como encontrar un material con la simetría correcta y volverlo magnético. Para fabricar esos dispositivos, Singh recurrió a Jyoti Katoch, profesora asociada de física especializada en construirlos con materiales cuánticos bidimensionales.

Las mediciones se repitieron en varios dispositivos, y la señal resultó ajustable con voltaje de compuerta, lo que apunta a un control electrostático del mecanismo. Un modelo microscópico mínimo, restringido por simetría, atribuye la respuesta al acoplamiento espín-órbita en la interfaz y a la interacción de intercambio.

Nada de esto salió de un solo laboratorio. Los cristales de TaIrTe4 se crecieron en UCLA y el nitruro de boro hexagonal vino del National Institute for Materials Science de Japón. Entre los coautores hay investigadores de Boston College, Harvard, Kansas State y el Air Force Research Laboratory, y el artículo reconoce financiamiento de la Office of Naval Research, la NSF y el Departamento de Energía de Estados Unidos.

Un sensor en lugar de dos, cuando el frío deje de ser requisito

El argumento práctico del equipo es la magnetometría vectorial. Medir en un mismo dispositivo la señal Hall anómala perpendicular y la del plano permitiría conocer la dirección del campo, no solo su magnitud en un eje. Antes hacían falta dos sensores para cubrir dos direcciones, según Singh.

Dos límites separan ese argumento de un producto. El primero es la temperatura, porque el Cr2Ge2Te6 se vuelve ferromagnético en frío y la señal en el plano solo emerge cuando eso ocurre. El segundo es el mecanismo: Shubhayu Chatterjee, profesor asistente de física que hizo el modelado teórico, indicó que algunos rasgos de la señal son compatibles con un origen intrínseco, pero que hace falta caracterizar en detalle el TaIrTe4 de pocas capas para determinar el mecanismo preciso.

Close-up of a gloved hand holding a steaming test tube in a laboratory setting.
Imagen ilustrativa: la señal en el plano solo aparece cuando la capa magnética del dispositivo se enfría lo suficiente · Foto de Mikhail Nilov en Pexels

El grupo, que trabaja en el laboratorio LIQUID de Carnegie Mellon, dice que ahora prueba la respuesta del dispositivo a temperatura ambiente y busca otras combinaciones de materiales que den la misma señal. La universidad menciona electrónica, transporte e imagen médica como campos donde un sensor así podría servir, una proyección institucional y no una aplicación disponible.

Dentro del laboratorio el resultado ya rinde, porque da a los físicos una vía para sondear configuraciones magnéticas y topológicas en más de una dirección con un solo dispositivo. El salto a un sensor comercial depende de las dos piezas que el propio equipo no tiene resueltas, el mecanismo identificado y una versión que aguante fuera del frío.

Fuentes: 1, 2

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por Gerardo Pavez

Redactor y creador de contenido especializado en deportes y tecnología. Apasionado por todo lo que ocurre dentro y fuera de la cancha.

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