TL;DR:
- El crudo Brent roza los 85 dólares por barril tras declarar Donald Trump el fin del alto el fuego con Irán el pasado 8 de julio.
- Los operadores de mercados financieros elevan con fuerza sus apuestas de subidas de tipos de interés en Europa para frenar un rebote de la inflación.
- El Banco de Inglaterra, que decidirá su rumbo el 30 de julio, y el Banco Central Europeo, que se reúne el 23 de julio, afrontan un giro drástico en sus planes.
El colapso definitivo de la tregua entre Estados Unidos e Irán ha vuelto a sacudir los tableros financieros internacionales. El barril de crudo Brent escaló este martes con fuerza hacia los 85 dólares, su nivel más alto en un mes, un encarecimiento de la energía que amenaza con reactivar la inflación en el viejo continente. Ante este escenario, los operadores de renta fija han reaccionado de inmediato incrementando las apuestas de nuevas alzas en los tipos de interés por parte del Banco de Inglaterra y del Banco Central Europeo (BCE). El movimiento echa por tierra el optimismo de finales de junio, cuando un breve respiro diplomático dio a los bancos centrales un margen de maniobra que hoy se desvanece en las aguas del estrecho de Ormuz.


El fin de la tregua dinamita los cálculos de los mercados
La calma duró poco. La cotización del Brent registra un repunte cercano al 20% desde los mínimos marcados tras el acuerdo de mediados de junio. El detonante de esta escalada fue el anuncio del presidente estadounidense, Donald Trump, quien el pasado 8 de julio declaró oficialmente roto el alto el fuego con Teherán.
La respuesta de la Casa Blanca no tardó en materializarse: Washington restableció el bloqueo naval sobre Irán, lo que ha provocado ya los primeros roces y maniobras militares hostiles en torno al estrecho de Ormuz, el paso marítimo más sensible para el tránsito de petróleo en el planeta.
Para los bancos centrales europeos, el impacto es directo. En junio, con un barril a la baja, el mercado respiraba aliviado. De hecho, los inversores asignaban apenas un 25% de probabilidad a que el Banco de Inglaterra tuviera que elevar sus tasas de interés en julio. Hoy, esos modelos matemáticos se están recalculando a toda velocidad ante el fantasma de una energía cara que contagie al resto de la economía de la eurozona y el Reino Unido.
El Banco Central Europeo y la sombra de una subida en julio
La primera prueba de fuego la tendrá el BCE el próximo 23 de julio. La institución presidida por Christine Lagarde ya rompió el hielo el pasado 11 de junio al elevar los tipos en 25 puntos básicos, situándolos en el 2,25%, en lo que supuso su primer incremento de tasas desde 2023.
Aunque los analistas consultados por Reuters estimaban que la entidad esperaría hasta septiembre para volver a mover ficha, la velocidad a la que se recupera el petróleo presiona los tiempos de Fráncfort. Los halcones del consejo de gobierno del BCE ya preparan el terreno. El influyente Pierre Wunsch, miembro del organismo, advirtió semanas atrás que si las presiones inflacionistas saltaban de la energía a otros sectores, la institución no dudaría en actuar.
"Tal vez convenga subir otros 25 puntos básicos para estar del lado seguro", señaló Wunsch.
Con el crudo coqueteando de nuevo con la barrera de los 85 dólares, esa posibilidad defensiva gana enteros entre los operadores, que temen un retraso en la estabilización de los precios.
El Banco de Inglaterra, contra la pared y sin margen
Al otro lado del canal de la Mancha, el panorama es igual de espinoso. El Banco de Inglaterra (BoE) mantiene su tasa de referencia en el 3,75% tras hilar cuatro reuniones consecutivas sin cambios. La última votación del Comité de Política Monetaria, el 18 de junio, se saldó con un claro 7-2 a favor de mantener la situación actual.
Sin embargo, el próximo examen del BoE llegará el 30 de julio. Aunque firmas de inversión como Bank of America Global Research habían retirado su previsión de subidas a finales de junio tras calificar la decisión como un dilema muy cerrado, sus propios economistas dejaron claro que el balance de riesgos seguía inclinado hacia el endurecimiento monetario si los tambores de guerra geopolíticos volvían a sonar. El riesgo ya es una realidad.
El contagio llega a la renta fija de Estados Unidos
La tensión de la tregua rota no se limita a Europa. El mercado de bonos estadounidense sintió el golpe el lunes, cuando el rendimiento del bono del Tesoro a 10 años subió más de cuatro puntos básicos hasta situarse en el 4,614%. La CNBC reportó que las rentabilidades acumulan días de presión al alza ante el temor de que la tensión entre Washington y Teherán cronifique la inflación global.
De hecho, las grandes firmas de Wall Street ya se preparan para un escenario de tipos altos por más tiempo. Bank of America ha lanzado la previsión más agresiva de la última encuesta de Reuters entre intermediarios financieros, proyectando hasta tres subidas de tipos de 25 puntos básicos por parte de la Reserva Federal durante el transcurso de 2026.
La batalla por el control de la inflación entra en una fase crítica donde la geopolítica manda sobre las proyecciones económicas. Con los barcos de guerra patrullando el estrecho de Ormuz y el Brent consolidando su ascenso, los bancos centrales europeos encaran sus citas de finales de julio con el peor escenario posible: la obligación de enfriar la economía mediante subidas de tipos justo cuando el motor del crecimiento volvía a arrancar de forma moderada.