Un equipo encabezado por investigadores de UCLA calculó que las colisiones repetidas entre estrellas podrían producir semillas de agujeros negros masivos en el universo temprano. El trabajo propone un mecanismo para formar sus precursores y acumular gas a su alrededor, dos procesos que podrían ayudar a interpretar los pequeños puntos rojos detectados por el telescopio espacial James Webb.
El artículo, revisado por pares y publicado el 26 de octubre de 2026 en The Astrophysical Journal, combina un modelo analítico con simulaciones numéricas. El equipo de Claire E. Williams tomó condiciones de simulaciones cosmológicas y contrastó sus predicciones con cálculos de Monte Carlo.
La masa inicial importa porque determina cuánto crecimiento falta para alcanzar los gigantes observados. El Observatorio McDonald explica que las semillas ligeras, remanentes de estrellas, pueden tener entre unas decenas y un centenar de masas solares. Las hipótesis de semillas pesadas buscan un punto de partida mayor para explicar la presencia temprana de agujeros negros enormes.
Los choques pueden unir estrellas o deshacerlas
En los cúmulos muy densos del modelo, los encuentros relativamente lentos favorecen las fusiones. Una estrella puede incorporar material de otras y crecer mediante sucesivos choques. Según explica UCLA, ese proceso permite formar estrellas extraordinariamente masivas cuyo colapso posterior podría dejar un agujero negro.
"Los cúmulos estelares densos proporcionan un lugar natural de nacimiento para semillas de agujeros negros masivos en nuestro modelo", dijo Williams en el comunicado universitario.
La presencia de un agujero negro cambia el resultado de los encuentros cercanos. Su gravedad acelera las estrellas y favorece colisiones que las destruyen o les arrancan materia. El gas liberado puede acumularse en la región central.
Así, la propuesta conecta dos problemas: cómo construir un precursor masivo y de dónde obtener material para rodear la semilla. Esa conexión es relevante para los llamados Little Red Dots, fuentes compactas y rojizas del universo temprano cuya naturaleza sigue bajo investigación.
El aspecto rojo admite distintas historias de formación
Otro trabajo, dirigido por Sunmyon Chon y publicado en Nature, aborda el problema desde el gas. Según el Observatorio Astronómico Nacional de Japón (NAOJ), sus simulaciones muestran que la radiación ultravioleta de galaxias vecinas frena la formación estelar en ciertas nubes. El gas puede alimentar una estrella supermasiva que después colapsa.
En ese cálculo, la semilla queda rodeada por un disco denso que atrapa radiación y facilita una alimentación rápida. Las propiedades simuladas se parecen a las de los puntos rojos, una conexión que explicamos en nuestra cobertura del modelo de Chon.
La comparación muestra que un entorno rico en gas puede aparecer en propuestas con mecanismos de formación diferentes. Por eso, asociar un punto rojo con un agujero negro envuelto en materia no basta para identificar si su precursor creció mediante fusiones estelares o por alimentación de gas.
El modelo de UCLA también tiene límites concretos. Los autores advierten que su aproximación puede sobreestimar la destrucción estelar y la cantidad de gas producida. Además, dejan fuera el cálculo explícito de cómo ese gas sería absorbido por el agujero negro o expulsado de su entorno.
La reserva de materia calculada es, por tanto, una pieza del proceso. Seguir su evolución junto con las estrellas y el agujero negro permitiría evaluar cuánto contribuyen las colisiones al crecimiento posterior de la semilla.