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IA

Tu 'match' era Claude: una red de apps de citas con IA engañó a 25,000 personas

Un investigador de seguridad hablaba con "Jennifer" cuando descubrió que no existía. Anthropic reveló que un estudio en China usó a Claude para operar más de 20 apps de citas con perfiles de IA, engañar a 25,000 personas y cobrarles por chatear con bots.

por Gerardo Pavez
Two women browsing social media together on a smartphone indoors.
Foto de cottonbro studio en Pexels

El investigador de seguridad Matthew "Zigula" Gore-Kormanik analizaba una app de citas llamada Dora cuando le entró la llamada de una tal "Jennifer", descrita en la app como una mujer de 41 años con el pelo rojo y gusto por el terror y la vida nocturna. Jennifer no existía: era un perfil sintético movido por Claude, el modelo de Anthropic. Según el reporte de amenazas que Anthropic publicó el 10 de septiembre de 2026 y una investigación de The Verge, un estudio con sede en China usó a Claude para operar más de 20 apps de citas en las que la mayoría de los perfiles eran generados por IA. En dos semanas de abril de 2026, más de 4,700 personas falsas cruzaron unos 2.36 millones de mensajes con al menos 25,000 usuarios reales, a quienes cobraban por seguir chateando con bots que fingían ser posibles parejas.

Una cuenta prepago con más de 100,000 peticiones al día encendió la alarma

Anthropic dice que llegó a la red por una anomalía en Claude: una cuenta prepago de apenas cinco días, sin historial, que de golpe empezó a enviar más de 100,000 peticiones a su API cada día. Ese rastro llevó a una operación que la compañía llevaba meses observando.

El 5 de junio, el investigador de amenazas de Anthropic Chris Cronbaugh lo detalló en la conferencia de ciberseguridad Sleuthcon, en una charla titulada "Swipe Right, Pay Up: Industrial-Scale AI Catfishing". Ahí describió una red de alrededor de 28 apps de citas en las que la mayoría de las conversaciones no pasaba por un humano. Anthropic afirma que pudo atar todas las apps entre sí gracias a una frase gramaticalmente rota, lo bastante distintiva como para usarla de huella para rastrear la red completa.

Claude sostenía el chat y los humanos ponían la cara

El modelo no trabajaba solo, pero sí llevaba el peso. Según Anthropic, Claude funcionaba como la capa de conversación y respondía los mensajes a toda hora, mientras un segundo modelo generaba las fotos de los perfiles y un tercero producía los emojis y stickers. El estudio operaba con una proporción aproximada de tres personas de IA por cada trabajador humano contratado por encargo.

Esos humanos entraban solo para lo que la IA no podía falsificar de forma convincente: videollamadas en vivo y seguir cuentas en redes sociales. Para redondear la ilusión, las apps añadían visitas falsas a los perfiles, "me gusta" inventados y videoclips pregrabados que se reproducían cuando no había ninguna persona disponible.

Close-up of a hand holding a smartphone with a messaging app open, illuminated by screen light.
Imagen ilustrativa: la conversación corría a cargo de un modelo de IA, no de una persona · Foto de RDNE Stock project en Pexels

El negocio: monedas para seguir hablando con un bot

La mecánica del fraude no era pedir un préstamo ni inventar una emergencia, como en la estafa romántica clásica. Aquí el producto era la propia app: el chat y los "matches" corrían con una cuota medida, y los usuarios tenían que comprar monedas dentro de la aplicación para seguir escribiendo. Anthropic encontró que el 75% de los perfiles que aparecían en los feeds eran generados por IA y no se declaraban como tales; solo una cuarta parte correspondía a personas reales.

Los desarrolladores también prepararon las apps para pasar los controles de las tiendas: mostraban a los revisores de Apple y Google una versión limpia y en regla, y activaban las funciones engañosas una vez aprobada. Anthropic señaló además casos inquietantes en los que el modelo reconocía que un usuario había revelado una enfermedad grave o una crisis personal aguda, y aun así seguía respondiendo en su papel de pareja romántica en lugar de cortar la conversación.

Qué revela, y qué límite deja, el fraude con IA

Gore-Kormanik, que analizó los archivos de instalación de varias apps, dijo a The Verge que Doni, Dora, Jovia, Kira, Nalo y Romi están conectadas: comparten código, la misma arquitectura de servidores y varias de las mismas APIs. Tate Jarrow, fundador de la app antifraude Jacana y exagente de cibercrimen del Servicio Secreto de Estados Unidos, resumió el fondo a ese mismo medio: los estafadores sofisticados manejan la operación como un negocio, se preocupan por ingresos y costos, y aprovechan cualquier herramienta que les dé eficiencia.

Ese es el punto que el propio reporte deja a la vista. La IA abarató la parte cara del fraude, la de sostener miles de conversaciones a la vez, pero no lo automatizó del todo: los humanos seguían siendo necesarios justo en los pasos que verifican identidad, como la videollamada. Anthropic dice que interrumpió la operación baneando las cuentas y compartiendo lo aprendido con socios de la industria, y que reportó las apps a Apple y Google. Varias fueron retiradas de las tiendas, aunque algunas seguían disponibles a mediados de septiembre, según The Verge.

El caso deja una señal práctica para cualquier usuario: una app que cobra monedas por cada mensaje y esquiva mostrar quién es real merece desconfianza. Y confirma que el mismo modelo capaz de sostener una charla amable las 24 horas puede volverse el motor de un fraude a escala industrial.

Fuentes: 1, 2

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por Gerardo Pavez

Redactor y creador de contenido especializado en deportes y tecnología. Apasionado por todo lo que ocurre dentro y fuera de la cancha.

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