Arabia Saudita reduce su producción de petróleo a niveles de la Guerra del Golfo de 1990
Producción petrolera saudí cae a 6.3 millones de barriles, su nivel más bajo desde 1990 por crisis en Ormuz.
TL;DR:
La producción saudí se desplomó a 6.316 millones de barriles diarios en abril, un nivel no visto en 34 años.El conflicto armado entre Irán, EE. UU. e Israel mantiene cerrado el Estrecho de Ormuz, paralizando el 42% de la extracción del reino.Saudi Aramco advierte que el mercado energético global podría no recuperar la normalidad sino hasta el año 2027.
La producción de crudo en Arabia Saudita ha caído a su punto más bajo desde la Guerra del Golfo en 1990, según reportó el reino a la OPEP. Durante el mes de abril, el bombeo descendió hasta los 6.316 millones de barriles por día, lo que representa un desplome crítico frente a los niveles de principios de año. Esta reducción es consecuencia directa de la intensificación de las operaciones militares de Estados Unidos e Israel contra Irán, lo que ha provocado el cierre casi total del Estrecho de Ormuz, la arteria más importante para el comercio petrolero mundial.
El golpe a la capacidad productiva del mayor exportador del mundo es drástico: la extracción saudí ha caído un 42% desde febrero. Amin Nasser, CEO de Saudi Aramco, lanzó una advertencia severa este 11 de mayo, señalando que el mundo pierde actualmente cerca de 100 millones de barriles de petróleo por semana debido a la parálisis en las rutas marítimas. Bajo este panorama, la estabilidad de los precios y el suministro global enfrentan un periodo de incertidumbre que podría extenderse por los próximos tres años.


El Estrecho de Ormuz: El cuello de botella del conflicto
Aunque siete naciones de la OPEP+ planean seguir adelante con incrementos mensuales en sus cuotas de producción (incluyendo un aumento de 188,000 barriles diarios para junio), estos objetivos son meramente simbólicos. Con el Estrecho de Ormuz bloqueado, no existe una ruta física viable para llevar el crudo a los mercados internacionales, lo que convierte los acuerdos de papel en metas inalcanzables.
La situación se ha agravado por factores adicionales que presionan el mercado:
- La salida de los Emiratos Árabes Unidos (EAU) de la OPEP y la OPEP+ el pasado 1 de mayo, eliminando al tercer productor más grande de la coordinación del grupo.
- Una caída en los inventarios globales de crudo a un ritmo de 4 millones de barriles diarios entre marzo y abril, según la Agencia Internacional de Energía (AIE).
- La pérdida de la capacidad excedente (spare capacity) de la alianza petrolera tras el retiro de Abu Dabi.
"El mundo está perdiendo aproximadamente 100 millones de barriles de suministro de petróleo por semana y los mercados de energía podrían no normalizarse hasta 2027", advirtió Nasser.
Un mercado severamente subabastecido
La salida de los Emiratos Árabes Unidos del marco de la OPEP+ resta entre 3 y 3.5 millones de barriles diarios de la línea base de producción del grupo. Esta ruptura ocurre en el peor momento posible, justo cuando la Administración de Información de Energía (EIA) de EE. UU. revisó al alza sus pronósticos de caída de inventarios para 2026, proyectando ahora un declive promedio de 2.6 millones de barriles por día.
Instituciones financieras como Morgan Stanley estiman que las reservas globales disminuyeron en 4.8 millones de barriles diarios entre el 1 de marzo y el 25 de abril. Esta cifra supera cualquier retiro trimestral registrado en la historia de la industria petrolera moderna. Mientras la producción física en el Golfo Pérsico siga paralizada por las hostilidades, el mercado mundial operará en un déficit estructural profundo que no se resolverá simplemente con ajustes administrativos de cuotas.
Qué sigue
La próxima reunión de la OPEP+ está programada para el 7 de junio, donde se espera que los miembros intenten formalizar el retorno de los recortes voluntarios de 2023. Sin embargo, el impacto real dependerá exclusivamente de la desescalada militar en la región. Mientras el Estrecho de Ormuz permanezca intransitable, el déficit de suministro seguirá presionando la inflación energética global, con un horizonte de recuperación que apunta cada vez más hacia finales de la década.