Las tasas de natalidad caen en todo el mundo y los smartphones ya son parte de la explicación
La caída global de nacimientos ya no se explica solo por dinero: el smartphone entra al debate.
TL;DR:
La fecundidad cayó por debajo del reemplazo en buena parte del mundo, no solo en países ricos.
Un working paper vincula el avance del smartphone y el 4G con menos socialización presencial, menos parejas y menos nacimientos.
La evidencia no elimina factores como vivienda, empleo o dinero, pero cambia el centro de la discusión: el problema también es relacional.
Las tasas de natalidad están cayendo a una velocidad que ya no encaja del todo con las explicaciones tradicionales de vivienda cara, precariedad o cambios laborales. Un análisis de Financial Times y un working paper de Nathan Hudson y Hernan Moscoso-Boedo, de la University of Cincinnati, colocan al smartphone, el 4G y las redes sociales como una pieza central: no porque “causen” por sí solos el desplome, sino porque parecen haber reducido el tiempo de convivencia presencial que ayuda a formar parejas. Si la hipótesis se sostiene, el problema demográfico ya no sería solo económico. También sería social.
Tasa de fecundidad total es el número promedio de hijos que tendría una mujer a lo largo de su vida bajo las tasas de fecundidad por edad vigentes. La cifra de reemplazo suele ubicarse en 2.1 hijos por mujer, suficiente para mantener estable una población sin inmigración.
El dato duro es incómodo: el análisis del Financial Times sostiene que más de dos tercios de los 195 países del mundo ya están por debajo de esa marca. La ONU, con una base más amplia de 237 países y áreas, reportó en World Fertility 2024 que 55% estaba por debajo de 2.1 en 2024 y que esos territorios concentraban más de dos tercios de la población global.
No es una rareza de Japón, Corea del Sur o Europa. El reporte citado por el FT afirma que en 2023 la fecundidad de México cayó por debajo de la de Estados Unidos por primera vez, y que después ocurrió algo similar con Brasil, Túnez, Irán y Sri Lanka. La frase “los países se harán viejos antes de hacerse ricos” dejó de sonar como advertencia académica: ya describe a varias economías de ingresos medios.
"El declive de la fertilidad es la gran pregunta de nuestro tiempo", dijo Jesús Fernández-Villaverde, profesor de economía de la Universidad de Pennsylvania. "Todo lo demás viene después."
La explicación económica ya no alcanza para todo
La vivienda sí importa. En países como Estados Unidos y Reino Unido, el análisis del FT estima que una parte relevante de la caída desde los años noventa puede explicarse por menos propiedad de vivienda y más jóvenes viviendo con sus padres. Sin casa propia o estabilidad residencial, compromisos como vivir en pareja o tener hijos se aplazan.
Pero esa explicación no cubre todo el mapa. En los países nórdicos, por ejemplo, la fecundidad cayó aunque muchos jóvenes vivían solos y con mayor estabilidad material. En otros casos, los ingresos, el empleo o la educación avanzaron, pero la formación de parejas no se recuperó.
La diferencia más fuerte está en el cambio de composición: antes, la fecundidad bajaba sobre todo porque las parejas tenían menos hijos. Ahora, una parte creciente del descenso ocurre porque hay menos parejas.
Ese giro cambia el diagnóstico. El problema no sería únicamente que las parejas no pueden pagar hijos. También hay más adultos jóvenes que no llegan siquiera a formar una relación estable.
El smartphone mueve la pregunta: menos convivencia, menos pareja, menos nacimientos
El paper de Hudson y Moscoso-Boedo, publicado como working paper el 14 de mayo de 2026, propone una hipótesis directa: desde 2007, la tecnología digital hizo más barato y fácil mantener muchas conexiones superficiales, pero desplazó tiempo de convivencia presencial, justo el tipo de interacción que ayuda a formar relaciones profundas.
Su modelo, calibrado con datos de tiempo y fecundidad de Estados Unidos entre 2007 y 2024, estima que mantener el “precio relativo” de los teléfonos en niveles de 2007 explicaría 43% del cambio en las tasas de fecundidad de Estados Unidos. Es una estimación de modelo, no una sentencia definitiva.
Los autores también usan la expansión de infraestructura digital como señal de exposición. En su análisis de condados de Estados Unidos, 10 puntos porcentuales adicionales de infraestructura digital de largo plazo se asocian con una caída mayor de nacimientos adolescentes: 18.9 puntos porcentuales para banda ancha y 9.8 puntos porcentuales para LTE.
La hipótesis gana fuerza porque encaja con tres patrones que se repiten en varios países:
- La caída se acelera alrededor de 2007-2010, cuando el smartphone se vuelve masivo.
- El golpe es más fuerte en adolescentes y adultos jóvenes, los grupos que más cambiaron sus hábitos digitales.
- La formación de parejas cae junto con la convivencia presencial, no solo con el ingreso disponible.
Aun así, hay que leerlo con cuidado. Un working paper puede abrir una ruta de investigación, pero no cierra el caso. El propio argumento funciona mejor como acelerador de tendencias previas: vivienda cara, incertidumbre económica, cambios de género, educación, expectativas sobre crianza y costo emocional de formar familia.
La crisis de fertilidad también es una crisis de deseo frustrado
El debate se vuelve más complejo porque muchas personas no están rechazando la idea de tener hijos; simplemente no logran tener los que querían, cuando querían o con quien querían.
El reporte State of World Population 2025 de UNFPA, elaborado con una encuesta de YouGov en 14 países, apunta justo a esa brecha entre deseo y realidad:
- Casi 20% de adultos en edad reproductiva cree que no podrá tener el número de hijos que desea.
- 39% dijo que las limitaciones financieras han afectado o afectarían su tamaño de familia deseado.
- Casi 1 de cada 5 mencionó temores sobre el futuro, como cambio climático, deterioro ambiental, guerras o pandemias.
- Casi 1 de cada 4 dijo haberse sentido incapaz de tener un hijo en el momento que prefería.
Esto no contradice la hipótesis tecnológica. La aterriza. El smartphone no tiene que “convencer” a nadie de no tener hijos; basta con que cambie los hábitos de socialización, eleve expectativas irreales, haga más frágil la formación de pareja o intensifique la sensación de incertidumbre.
"Si socializas mucho menos, tardas mucho más en encontrar una pareja, si es que la encuentras", dijo el demógrafo Lyman Stone, citado por el Financial Times.
El riesgo para México no es abstracto
Para México y América Latina, el punto delicado no es solo que nazcan menos bebés. Es que la transición puede llegar antes de que existan pensiones sólidas, sistemas de cuidados robustos y productividad suficiente para sostener a una población envejecida.
Una fecundidad baja puede aliviar presiones familiares en el corto plazo, pero también reduce la base laboral futura. Menos jóvenes significan menos contribuyentes, más presión sobre salud y pensiones, y una economía que depende más de productividad, inmigración o adultos mayores trabajando más años.
La política pública suele responder con bonos por nacimiento, subsidios o promesas de guarderías. Eso ayuda a algunas parejas, pero no toca todo el problema si la raíz también es falta de pareja, aislamiento, mala salud mental y menos comunidad presencial.
El reto no es “hacer que la gente tenga hijos”. Es reducir las fricciones que impiden construir una vida familiar para quienes sí la desean: vivienda, ingresos, cuidados, igualdad dentro del hogar y espacios reales para convivir fuera de la pantalla.
El smartphone no explica todo el colapso demográfico. Pero si una parte relevante del desplome viene de relaciones más débiles y menos convivencia, la pregunta deja de ser solo cuánto dinero necesita una pareja para tener hijos. También es cuánta vida compartida queda fuera de la pantalla.