Cerca de 7 millones de habitantes del área metropolitana de Los Ángeles pudieron estar expuestos a concentraciones de plomo superiores a 80 veces el nivel habitual durante el incendio Eaton de enero de 2025, según una investigación encabezada por el Instituto de Tecnología de California, Caltech. La estimación se refiere al aire exterior durante 24 horas y no a mediciones individuales de plomo en sangre.
El estudio, publicado el 28 de octubre de 2026 en Science Advances, examinó cómo cambió el humo cuando el fuego consumió viviendas, vehículos y otras estructuras. Los investigadores encontraron una mezcla química distinta a la de un incendio que había quemado principalmente vegetación unos meses antes.
Cómo se calculó la exposición de siete millones de personas
El equipo combinó mediciones de estaciones de monitoreo con un modelo de dispersión de humo y datos del censo para estimar las concentraciones en la cuenca de Los Ángeles. El cálculo sitúa a unos 7 millones de residentes en zonas donde el promedio de plomo en el aire exterior superó los 50 nanogramos por metro cúbico durante el 9 de enero de 2025. La investigación presenta un rango de 4.3 a 8 millones de personas según la variación del modelo.
Para poner esa cifra en contexto, el promedio diario habitual medido en la estación de Pico Rivera era de 0.6 nanogramos por metro cúbico. La comparación de más de 80 veces se refiere a ese nivel de fondo, no a un límite legal.
La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, la EPA, establece un estándar de 0.15 microgramos por metro cúbico, equivalentes a 150 nanogramos, para el plomo en partículas suspendidas totales, calculado como promedio de tres meses. El estudio analizó partículas finas y periodos de 24 horas: sus cifras no permiten determinar por sí solas si se incumplió ese estándar.
Las estimaciones describen la contaminación en las zonas donde residía la población, no la cantidad que inhaló o absorbió cada persona. Tampoco demuestran que los residentes sufrieran intoxicación o desarrollaran una enfermedad.
La composición del humo cambió al arder zonas habitadas
El incendio Eaton comenzó cerca de Altadena, al noreste de Los Ángeles, y destruyó más de 9,000 estructuras. La estación de Pico Rivera, a unos 18 kilómetros al sur de Altadena, registró la composición de las partículas mientras el humo se desplazaba por la región.
Para comparar dos tipos de fuego, los autores usaron datos del incendio Airport de septiembre de 2024, que afectó principalmente vegetación, y los contrastaron con los de Eaton. En cada caso midieron cuánto aumentaron los contaminantes respecto a sus niveles de fondo. El aumento de plomo en la columna de Eaton fue más de 50 veces el observado en la columna del otro incendio; el de cloro y bromo fue más de siete veces y el de arsénico, más de tres veces.
La masa de partículas finas mostró aumentos parecidos en ambos episodios, aunque su composición era distinta. Es una comparación entre dos incendios concretos, no una proporción aplicable a todos los fuegos urbanos y forestales.
Michael Kleeman, ingeniero ambiental de la Universidad de California en Davis que no participó en el estudio, dijo a la publicación científica Eos que las mediciones en tiempo real muestran que los edificios y vehículos incendiados pueden generar sustancias químicas con riesgos particulares para la salud.
Los efectos de la exposición breve siguen sin conocerse bien
El plomo es un metal tóxico, pero el trabajo no evaluó la salud de las personas incluidas en la estimación. Los autores señalan que todavía se conocen poco los efectos de una exposición breve y concentrada a la mezcla de sustancias liberada durante incendios urbanos.
La investigadora principal, Haroula Baliaka, destacó ante Caltech que el humo puede llegar a comunidades alejadas del fuego. "El humo viaja; no se trata solo de la zona quemada", dijo.
Los autores plantean utilizar estas mediciones para mejorar los modelos de contaminación y la respuesta ante futuros incendios que alcancen zonas habitadas. La diferencia química observada en Eaton también muestra por qué medir la cantidad total de partículas no basta para describir qué contiene el humo.