TL;DR:
- Los nuevos imanes cuadrupolares del HiLumi LHC alcanzaron su corriente nominal de 16 230 amperios el 8 de julio de 2026, en el banco de pruebas IT String del CERN.
- Llegaron ahí sin un solo quench, la pérdida súbita de superconductividad que normalmente obliga a decenas de ciclos de entrenamiento antes de llegar al tope.
- El LHC actual quedó apagado el 29 de junio. Su relevo está programado para 2030, con hasta diez veces más luminosidad que el diseño original del anillo.
Los imanes que enfocarán los haces del futuro Gran Colisionador de Hadrones ya funcionan al máximo. El CERN informó que el 8 de julio de 2026 los nuevos cuadrupolos del HiLumi LHC alcanzaron su corriente nominal de 16 230 amperios en el banco de pruebas IT String, en Ginebra, y que lo hicieron sin un solo quench. El dato llega tres semanas después de que el laboratorio apagara el LHC actual, el 29 de junio, para meterse en la intervención más grande de su complejo de aceleradores desde que se construyó el anillo. La máquina que debe reemplazarlo en 2030 todavía no está montada en el túnel, pero su pieza más delicada ya demostró en pruebas que aguanta.
Un quench es la transición súbita de un imán superconductor al estado de conducción normal, y obliga a extraer de golpe toda la energía almacenada dentro. En el mundo de los aceleradores es rutina, no accidente: los imanes se "entrenan" subiendo la corriente en ciclos sucesivos, y en los primeros suelen romper la superconductividad por debajo de su corriente de diseño, casi siempre por pequeñas inestabilidades mecánicas dentro del propio imán. Que estos cuadrupolos llegaran al tope de un tirón significa que conservaron lo aprendido en fábrica. En la jerga del CERN, tienen memoria.

Susana Izquierdo Bermudez, responsable de la Large Magnet Facility del CERN, donde se desarrollaron y ensamblaron estos imanes, explicó por qué ese detalle vale meses de calendario:
"Una buena memoria es un requisito de rendimiento esencial para los imanes de acelerador, porque minimiza el tiempo de puesta en marcha, el consumo criogénico y los retrasos operativos."
Comparados con los cuadrupolos de niobio-titanio que hoy siguen instalados en el LHC, los nuevos cambian de categoría:
- Apertura: pasa de 70 a 150 milímetros, más del doble
- Campo magnético: 11,3 teslas, alrededor de 35 % por encima de la generación actual
- Material superconductor: bobinas de niobio-estaño en lugar de niobio-titanio
- Corriente nominal: 16 230 amperios, alcanzada sin ningún quench
- Temperatura de trabajo: 1,9 K, es decir, unos -271 °C
La campaña no se quedó en los cuadrupolos. Según el CERN, los 17 circuitos eléctricos del IT String llegaron a sus corrientes de operación. El dipolo de separación, el imán que apartará los dos haces después de que choquen, alcanzó su valor nominal tras apenas unos cuantos quenches de entrenamiento. Y el sistema de protección hizo lo suyo: extrajo y disipó con seguridad hasta 38 megajulios de energía magnética almacenada dentro del baño de helio. Samer Yammine, a cargo de la operación del IT String, dio por cerrada con esto la fase de puesta en marcha del hardware. La segunda campaña llega en septiembre, después de calentar la instalación a temperatura ambiente y volverla a enfriar.
El túnel apagado es una obra de 1,2 kilómetros
Mientras el banco de pruebas funcionaba, el anillo estaba muerto. El CERN desconectó el LHC el 29 de junio para entrar en el Long Shutdown 3 (LS3), cuatro años de mantenimiento, consolidación y montaje. Solo dentro del LHC se retirarán y reemplazarán 1,2 kilómetros de imanes y componentes; en paralelo se modernizan los inyectores y se transforman las instalaciones experimentales.
"El LHC ha superado todas las expectativas. Durante casi dos décadas ha transformado nuestra comprensión del Universo y ha inspirado a generaciones de científicos, ingenieros y ciudadanos de todo el mundo."
Lo dijo Oliver Brüning, director de Aceleradores y Tecnología del CERN desde enero de 2026, en el comunicado del apagado. Los números que deja el LHC en su versión actual respaldan la frase: la Universidad Autónoma de Madrid, socia de los experimentos, contabiliza 54 mil billones de colisiones protón-protón entregadas a cada uno de los detectores ATLAS y CMS, equivalentes a 540 femtobarns de luminosidad integrada, casi el doble de lo previsto cuando se diseñó la máquina, más de 300 mil millones de colisiones de iones pesados y el descubrimiento de más de 85 hadrones. A eso se suman el Nobel de Física 2013 para François Englert y Peter Higgs y el Breakthrough Prize in Fundamental Physics 2025 para las colaboraciones ALICE, ATLAS, CMS y LHCb.
ATLAS y CMS tampoco vuelven iguales. Tendrán que digerir entre 140 y 200 colisiones protón-protón por cruce de paquetes y más de cinco mil millones de interacciones por segundo, así que cambian sus sistemas de disparo y estrenan trazadores íntegramente de silicio, detectores de temporización de alta granularidad y nuevos calorímetros. En el caso de ATLAS, la colaboración habla de un trazador interno con 5 000 millones de canales de lectura, una resolución temporal de entre 30 y 50 picosegundos y una selección de eventos por hardware programable a 1 MHz.
Diez veces, siete veces, seis veces: cada cifra mide algo distinto
En los titulares de estas semanas conviven tres multiplicadores y conviene no mezclarlos. El CERN habla de aumentar la luminosidad hasta diez veces respecto al diseño original del LHC. Daniela Bortoletto, catedrática y jefa de física de partículas en la Universidad de Oxford, escribe en The Conversation que el HL-LHC subirá la luminosidad "alrededor de un factor de siete" a lo largo de su vida útil, y compara el salto con cambiar una cámara que toma una foto por segundo por otra que toma siete. La colaboración ATLAS, por su parte, se refiere a un volumen de datos seis veces mayor al disponible hoy.
No hay contradicción: uno mide contra el diseño de 1990, otro contra lo ya acumulado y otro contra el dataset que llegará a los análisis. Sí hay una lectura práctica para el lector: el HiLumi LHC no chocará protones con más energía, chocará muchísimos más. Ese es el terreno donde viven las mediciones que hoy se escapan, como la desintegración del bosón de Higgs en dos muones, su acoplamiento a los quarks encanto o, la más ambiciosa, la producción de pares de bosones de Higgs que permitiría medir por primera vez el autoacoplamiento del propio Higgs.
La ingeniería llegó a tiempo; el presupuesto británico tardó más
Aquí está la parte que los comunicados técnicos no cubren. A principios de 2026, el Science and Technology Facilities Council (STFC) británico anunció recortes de hasta 30 % en astronomía, física de partículas y física nuclear, con casi 50 proyectos internacionales en riesgo. En junio, un grupo de físicos llevó la protesta a Westminster. Jon Butterworth, del University College London, resumió el riesgo para los compromisos británicos con las actualizaciones de ATLAS y CMS:
"Incumplir esas promesas sería un desastre para la física de partículas y la astrofísica mundiales, y destruiría nuestra reputación como socios fiables."
El 9 de julio, UK Research and Innovation publicó el resultado del ejercicio: la investigación de descubrimiento en física de partículas, astronomía y física nuclear queda protegida, con una caída global de 2,7 % en cuatro años, mientras las grandes instalaciones multidisciplinares absorben un recorte del 15 %. La Royal Astronomical Society lo recibió con alivio medido y su presidente, Jim Wild, pidió no leerlo como una victoria. Falta la letra chica: el STFC ya avisó que reducirá su apoyo a un número de proyectos nacionales e internacionales cuyo detalle se anunciará después de hablar con cada uno. Es decir, todavía no es público qué compromisos concretos del Reino Unido en el CERN sobreviven intactos. Lo que sí está cerrado desde principios de año es la retirada de fondos a la actualización LHCb 2030+, una decisión que el comité parlamentario de Ciencia le pidió explicar a UKRI. El Reino Unido sigue siendo el segundo mayor contribuyente del CERN.
Qué se juega el mundo hispanohablante dentro del HiLumi LHC
No es una obra ajena. La Universidad Autónoma de Madrid entró a CMS en 1992, con el diseño y desarrollo del detector central de muones de tubos de deriva, y desde entonces ha trabajado en el sistema de disparo y en su actualización precisamente para la fase de alta luminosidad; se sumó a ATLAS en 1994 con el calorímetro electromagnético y aloja uno de los nodos de la red mundial de computación del LHC que da servicio a toda esa colaboración.
En México, de acuerdo con la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti), que cubre las cuotas de mantenimiento y operación, científicos de nueve instituciones participan en los experimentos ALICE, CMS, AMS-02 y NA62, alrededor de 140 personas entre estudiantes y profesores. Ahí están la UNAM, con sus institutos de Física y de Ciencias Nucleares, la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y el Cinvestav del IPN, entre otras. En Argentina, el grupo del CONICET y la Universidad Nacional de La Plata que dirige María Teresa Dova trabaja dentro de ATLAS en esta misma transformación.
Cuando el HiLumi LHC produzca su primera colisión, en 2030, habrá software, calorímetros y horas de análisis firmados en Madrid, Ciudad de México y La Plata.
Preguntas rápidas sobre el HiLumi LHC
¿Cuándo vuelve a funcionar el Gran Colisionador de Hadrones?
El CERN apagó el LHC el 29 de junio de 2026 para iniciar el Long Shutdown 3, cuatro años de mantenimiento y montaje. El sucesor, el HiLumi LHC, está programado para comenzar a operar en 2030, según el propio laboratorio.
¿Qué significa luminosidad en un acelerador de partículas?
La luminosidad mide cuántas colisiones puede producir un acelerador por unidad de tiempo. No tiene relación con el brillo ni con la energía de los haces. El CERN busca multiplicarla hasta por diez respecto al diseño original del LHC para cazar procesos muy poco frecuentes.
¿Participan instituciones de habla hispana en el HiLumi LHC?
Sí. La Universidad Autónoma de Madrid trabaja en CMS desde 1992 y en ATLAS desde 1994. La Secihti financia la participación mexicana en ALICE, CMS, AMS-02 y NA62 con nueve instituciones. En Argentina, CONICET y la UNLP forman parte de ATLAS.
Lo que se probó el 8 de julio no fue el colisionador entero, sino una de sus piezas, en un banco de ensayos y con la instalación aislada del anillo. Falta bajar esos imanes al túnel, empalmarlos con los 27 kilómetros de máquina y sostener el gasto cuatro años más. El calendario técnico ya tiene una fecha firme, 2030, y contra ese reloj corren no solo los ingenieros del CERN, sino los ministerios que todavía deben confirmar, proyecto por proyecto, cuánto de lo prometido siguen pagando.