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Salud

Un análisis suizo vincula las duchas frías con menos ausencias por enfermedad

El análisis reunió datos de 719 personas y las agrupó por sus hábitos declarados. Los resultados no prueban que el agua fría prevenga enfermedades.

por Patricia Rodriguez
Shower head
Imagen de archivo · Foto: Nicole-Koehler, CC BY-SA 3.0, vía Wikimedia Commons

Un análisis de la Universidad de Basilea encontró una asociación entre las duchas frías frecuentes y menos días de ausencia laboral por enfermedad. Los datos proceden de 719 personas que participaron en tres ensayos, pero la comparación se hizo según sus hábitos declarados, de modo que no demuestra que el agua fría causara la diferencia.

El trabajo forma parte de la tesis doctoral de la psicóloga Lena Glaser. En el análisis, quienes fueron clasificados como usuarios habituales de duchas frías registraron una tasa de ausencias por enfermedad un 31% menor que la de quienes no alcanzaron ese umbral. También declararon un 26% menos de días sintiéndose enfermos.

La tesis identifica el manuscrito que reúne esos resultados como enviado al Journal of Health Psychology. El documento no establece si el manuscrito ya pasó por revisión por pares.

Cómo se compararon los participantes

Los tres ensayos se realizaron en Basilea y tuvieron un seguimiento de 12 semanas. En el primero se asignó al azar a los participantes a duchas frías o habituales; en los otros se probaron distintas formas de ayudarles a mantener la rutina. La selección y los cuestionarios se hicieron por internet.

Para el análisis conjunto, el equipo no conservó simplemente los grupos asignados al inicio. Clasificó a las personas según lo que reportaron haber hecho, usando un umbral del 70% de duchas frías o de semanas con ese hábito, según el ensayo. Algunas personas asignadas a una intervención no siguieron la rutina y quedaron en el otro grupo de la comparación.

Ese cambio limita la ventaja de la asignación aleatoria. Quienes mantuvieron el hábito pueden diferir de los demás en características que también influyan en su salud o en sus ausencias. El modelo tomó en cuenta factores como la edad, el género, la estación y el estudio de procedencia, pero la comparación por sí sola no descarta otras explicaciones.

Los participantes informaron mediante encuestas cuántos días se sintieron enfermos y cuántos faltaron al trabajo por enfermedad. Esas respuestas no son un recuento de infecciones confirmadas en laboratorio. Las cifras del 31% y el 26% son diferencias relativas entre los grupos del análisis, no una predicción de cuántos días ahorraría una persona al cambiar su rutina.

La tesis señala otra limitación en uno de los ensayos: de 309 personas inscritas, solo 166 pudieron incluirse en el seguimiento longitudinal porque algunos identificadores declarados variaban entre mediciones. Los autores advierten que esto podría introducir un sesgo si las personas que pudieron seguirse diferían de las excluidas.

En bienestar general, el análisis encontró una diferencia pequeña a favor del grupo de duchas frías. Para la medida de bienestar físico, la diferencia no alcanzó significación estadística.

Lo que mostró un ensayo anterior

Un ensayo neerlandés publicado en PLOS One en 2016 asignó a 3,018 adultos sin enfermedades graves a continuar con su rutina o terminar sus duchas con agua fría. Tras 90 días de seguimiento, los grupos asignados al agua fría reportaron un 29% menos de ausencias laborales por enfermedad que el grupo de comparación.

Ese trabajo no encontró una diferencia estadísticamente significativa en el total de días en que las personas se sintieron enfermas. Faltar menos al trabajo y pasar menos días con síntomas son resultados distintos, aunque ambos se midieron mediante lo que declararon los participantes.

Una revisión sistemática publicada en la misma revista en 2025 reunió 11 ensayos de exposición al agua fría. Diez estudiaron baños y uno duchas. Sus autores señalaron que la evidencia estaba limitada por el número de ensayos, el tamaño de algunas muestras y la poca diversidad de las poblaciones estudiadas. Los resultados de inmersión tampoco se trasladan automáticamente a las duchas, que son una forma de exposición diferente.

Precauciones ante la exposición al frío

Cleveland Clinic advierte que la exposición repentina al frío puede elevar la presión arterial y la frecuencia cardíaca, y que podría provocar alteraciones del ritmo en personas con enfermedades del corazón. UCLA Health recomienda consultar con un profesional de salud antes de tomar duchas frías si se tiene una enfermedad cardíaca, síndrome de Raynaud o urticaria provocada por el frío.

Los ensayos de Basilea excluyeron a personas con ciertas afecciones que pueden empeorar con la exposición al frío, entre ellas enfermedades cardiovasculares graves, fenómeno de Raynaud y urticaria crónica por frío. Por ello, sus resultados no permiten establecer la seguridad de esa práctica para esos grupos.

Fuentes: 1, 2, 3, 4, 5

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por Patricia Rodriguez

Patricia Rodriguez es redactora de FomoEra. Cubre tecnología, ciencia, inteligencia artificial, negocios y actualidad digital. También trabaja en escritura y edición de contenido audiovisual.

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