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Arrakis apuesta a que la IA rinde más en la fábrica que en la oficina y capta 38 millones

Arrakis salió a la luz con 38 millones de dólares y agentes de IA para aeroespacial, energía y manufactura.

por Dilis Salazar
Inside view of an industrial factory featuring conveyor belts and empty walkways.
Foto de Yetkin Ağaç en Pexels

TL;DR:

  • Arrakis, con sede en Londres y París, cerró 38 millones de dólares: 7.5 millones en una ronda semilla y 30 millones en una Serie A liderada por Blossom Capital, con una valuación de 140 millones post-money.
  • Su tesis, en voz de su CEO Rafael Quintanilla: el mayor retorno de la IA está en el 70% que opera la industria, no en el 30% que trabaja detrás de un escritorio.
  • La ronda sumó como inversionistas ángeles al CEO de Datadog, Olivier Pomel, y al jefe de productos de negocio de OpenAI, Olivier Godement.

Arrakis, una startup de Londres y París con apenas siete meses de vida, dejó atrás el modo sigilo con 38 millones de dólares en financiación de capital de riesgo para llevar agentes de inteligencia artificial a sectores como el aeroespacial, la energía, la logística y la manufactura. La ronda junta 7.5 millones de una etapa semilla y 30 millones de una Serie A liderada por Blossom Capital, y deja a la compañía valuada en 140 millones de dólares post-money. Detrás está Rafael Quintanilla, exvicepresidente de la firma de inversión Accel, que defiende una tesis a contracorriente: el gran retorno de la IA no está en los escritorios, sino en las fábricas.

El anuncio, adelantado por Fortune, llega acompañado de una lista de inversionistas que llama la atención por su calibre. La Serie A la lideró Blossom Capital, con participación de Accel, GFC, MainObject y Rerail. Accel ya había liderado la ronda semilla en marzo. Y entre los cheques individuales aparecen dos nombres del centro de la industria de la IA: Olivier Pomel, fundador y CEO de la firma de monitoreo Datadog, y Olivier Godement, jefe de productos de negocio de OpenAI. También entró Junaid Hussein, fundador de Cambridge Aerospace, según tech.eu.

Junto a Quintanilla, el equipo fundador reúne a Haroun Beltaifa y Romain Fouilland, ambos con pasado en Palantir, y a Mikhail Galkov, ingeniero que trabajó en Delivery Hero. La empresa se fundó en enero de 2026 y hoy opera entre Londres y París.

La apuesta: la IA que rinde en la planta, no en la oficina

La idea que vende Arrakis parte de un reclamo sencillo. Casi toda la ola de IA generativa se diseñó para trabajadores de conocimiento: gente que hace su trabajo frente a una pantalla, con software. Quintanilla sostiene que ahí no está el mayor premio.

"La mayor parte de la inversión en IA hasta ahora ha apuntado al 30% de los trabajadores detrás de un escritorio. El verdadero retorno está en el 70% que hace funcionar las operaciones industriales", dijo Rafael Quintanilla a Fortune.

Quintanilla llegó a esa conclusión desde adentro del capital de riesgo. Como vicepresidente en Accel pasó buena parte de un año recorriendo Estados Unidos, Europa y Medio Oriente para armar la tesis de la firma sobre defensa y resiliencia industrial. Lo que vio, contó, lo empujó a renunciar y montar su propia empresa: una brecha entre el dinero que se movía en Silicon Valley hacia compañías como Anthropic y el estado de la parte más física de la economía.

El problema que dice atacar tiene nombre técnico: la "última milla" de la IA, el punto donde la mayoría de los proyectos empresariales se atoran antes de llegar a producción. Según la propia Arrakis, el 79% de las empresas ya experimenta con IA, pero menos del 10% ha logrado escalar agentes en operación real. El cuello de botella, dice la compañía, no es el modelo, sino todo lo que lo rodea: integración, datos desordenados, gobernanza y ejecución.

Operadores en una sala de control industrial frente a pantallas con datos de operación
Imagen ilustrativa: Arrakis apunta a las operaciones industriales, no al trabajo de oficina · Foto de Fernando Narvaez en Pexels

Una carrera concurrida: Palantir, consultoras y la apuesta de Bezos

Arrakis no está sola en este terreno. Consultoras como Accenture y Boston Consulting Group empujan sus propias ofertas de IA industrial, lo mismo que Palantir, y Prometheus, la firma respaldada por Jeff Bezos y valuada en decenas de miles de millones de dólares, invierte fuerte en automatizar la ingeniería de productos físicos. Los grandes laboratorios de IA también rondan el sector.

Quintanilla dibuja una frontera con cada uno. Frente a Prometheus, dice que si esa empresa trabajara con Airbus construiría la IA para "la ingeniería central de fabricar un avión", mientras que Arrakis quiere encargarse de todo lo que va alrededor: ser "la capa de IA" de las operaciones clave de esas compañías. Sobre Palantir, su respeto viene con filo: la elogia, dice que la mitad de su equipo viene de ahí, pero la describe como una empresa de 20 años, con un precio muy alto y una tecnología que, en sus palabras, "empieza a volverse heredada".

Con las consultoras, su crítica apunta al modelo de negocio. Sostiene que muchas siguen cobrando por horas de consultor o por mano de obra tercerizada, y que él quiere resolver problemas con el software como pieza central y las personas como apoyo. También se declara escéptico de los grandes proyectos de "transformación" que, dice, suenan muy bien en papel pero dejan a los directivos con fatiga cuando los plazos se estiran.

Cómo trabaja Arrakis: ingenieros en sitio y modelos intercambiables

En la práctica, la compañía dice empezar en pequeño. Para una naviera que cotiza en Nueva York, y cuyo nombre Quintanilla no reveló por acuerdos de confidencialidad, el objetivo fue pasar la visibilidad del flujo de caja de mensual a diaria: sus ingenieros rehicieron las hojas de cálculo que ya usaban los operadores, con la IA llenando los datos y aprendiendo de las correcciones humanas hasta "codificar" ese conocimiento. El manual, resume, arranca siempre en las oficinas centrales, prueba el valor y baja al terreno cuando la demanda lo pide.

Según la propia Arrakis, su método se apoya en varios puntos:

  • Es agnóstica de modelo: suele arrancar con modelos propietarios de OpenAI o Anthropic y luego mueve a los clientes a alternativas de código abierto, como Mistral o, si el cliente lo permite, proveedores chinos.
  • Coloca ingenieros de IA directamente en las instalaciones del cliente para desplegar los agentes en cuestión de semanas.
  • Cobra por resultados: alrededor de la mitad de sus tarifas queda atada a alcanzar una meta concreta de desempeño.
  • Envuelve los modelos en lo que Quintanilla llama un "arnés" que, afirma, multiplica de dos a cuatro veces la calidad y recorta cerca de 70% el costo de los tokens. La compañía no ha presentado datos independientes que respalden esa cifra.

Ese enfoque, dice, cae bien entre directivos cansados de saltar de un proveedor a otro. Quintanilla asegura que su mejor tracción viene de empresas familiares, que piensan a largo plazo y ejecutan iniciativas de arriba hacia abajo. Hoy la compañía suma cinco clientes, planea triplicar una plantilla de unos 15 empleados y abrir oficinas en Nueva York y Medio Oriente.

Quintanilla enmarca todo esto en una idea más grande: la presión por reindustrializar Occidente.

"Occidente está bajo una presión creciente para reindustrializarse, pero ese renacimiento no lo impulsarán solo las empresas nuevas. Hace falta equipar a nuestros campeones industriales con las herramientas para aprovechar sus datos, transitar el cambio hacia la IA y competir a escala global", afirmó Quintanilla.

El movimiento coloca a Arrakis en una competencia cada vez más poblada por vender IA a la industria pesada, frente a consultoras enormes y plataformas de datos ya establecidas. Que ejecutivos de OpenAI y Datadog hayan puesto dinero propio da la medida del interés por esta apuesta. La prueba de fuego llegará con los números: si sus agentes consiguen pasar de los pilotos a la producción en fábricas, puertos y redes energéticas que hasta ahora se movían con hojas de cálculo y trabajo manual, y si logra que empresas industriales conservadoras paguen por resultados medibles en plazos cortos.

Preguntas rápidas sobre Arrakis

¿Qué hace Arrakis?

Arrakis ayuda a empresas industriales a diseñar, construir y escalar agentes de IA que operan dentro de áreas como aeroespacial, energía, logística, manufactura, construcción y telecomunicaciones. Coloca ingenieros en sitio y usa un enfoque agnóstico de modelo para desplegarlos en semanas.

¿Cuánto dinero levantó Arrakis y quién invirtió?

Sumó 38 millones de dólares: 7.5 millones de una semilla liderada por Accel y 30 millones de una Serie A liderada por Blossom Capital, con Accel, GFC, MainObject y Rerail. Como ángeles entraron Olivier Pomel, de Datadog, y Olivier Godement, de OpenAI.

¿En qué se diferencia de Palantir y las consultoras?

Según su CEO, Arrakis se enfoca en las operaciones que rodean al negocio y no en la ingeniería del producto, se declara nativa de IA frente a plataformas más antiguas, y cobra por resultados en plazos cortos en lugar de vender grandes proyectos de transformación por horas de consultoría.

Fuentes: 1, 2, 3

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por Dilis Salazar

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