El número de estructuras dañadas o destruidas cada año por incendios forestales en los 48 estados contiguos de Estados Unidos podría ser entre 1.85 y 3.2 veces mayor en 2051-2060 que en 2011-2020. Esa es la proyección de un equipo de la Universidad de Colorado Boulder para un escenario en el que continúan las prácticas actuales y no se incorporan nuevas medidas de adaptación.
El estudio, publicado el 3 de noviembre en Nature Communications, combina la evolución prevista de los incendios con la expansión de las construcciones y su vulnerabilidad. Los resultados no son un pronóstico exacto: dependen, entre otras variables, de cómo cambien la vegetación, la gestión del fuego y las políticas de uso del suelo.
Qué significan las cifras hasta 2060
Los investigadores reconstruyeron el riesgo para las estructuras entre 1945 y 2023 y lo proyectaron con tres modelos climáticos, bajo un escenario de emisiones que supone una mitigación moderada. Para estimar el daño, mantuvieron constante un indicador basado en la relación histórica entre los incendios, las construcciones expuestas y las pérdidas.
Los tres modelos apuntan a un aumento, pero no coinciden en su magnitud. El más bajo sitúa el riesgo anual en 1.85 veces el promedio de 2011-2020; el intermedio, en 2.27 veces; y el más alto, en 3.2 veces. La comparación corresponde al promedio de 2051-2060, no a un único año.
En términos acumulados, el artículo estima entre 133,200 y 449,100 estructuras dañadas o destruidas durante 2024-2060. Ese intervalo incluye 2024 y 2025, por lo que no representa exclusivamente las pérdidas que podrían ocurrir después de la publicación del estudio.
El riesgo también cambia fuera del oeste
El oeste de Estados Unidos seguiría concentrando las mayores pérdidas, aunque el estudio identifica aumentos en zonas del centro y el norte del este del país. El comportamiento varía por región: los autores también prevén áreas del sur y del este con actividad de incendios estable o menor.
La capacidad de preparación no es igual para todas las comunidades. En el oeste, alrededor del 30% de las zonas censales que se proyectan entre las de mayor riesgo también presentan dificultades socioeconómicas. Para el equipo, esas condiciones pueden limitar la capacidad de proteger las viviendas y recuperarse después de un incendio.
Qué pueden cambiar las medidas de protección
La proyección nacional sirve como referencia de lo que podría suceder sin nuevas adaptaciones. Sus autores mencionan medidas como mejorar la resistencia de las construcciones, reducir materiales combustibles a su alrededor y actualizar infraestructura expuesta.
Un estudio separado, encabezado por investigadores de la Universidad de California en Berkeley y publicado en 2025, examinó datos de cinco incendios de California junto con simulaciones de propagación. Sus escenarios sugieren que combinar mejoras en los edificios con la retirada de vegetación cercana puede reducir las pérdidas. Son estimaciones hipotéticas: el modelo no incorporó el efecto de las labores de extinción y sus resultados pueden variar en otros incendios.
Entre las opciones citadas por los investigadores están los techos resistentes al fuego y las protecciones que dificultan la entrada de brasas por las ventilaciones. El trabajo de Berkeley también señala que la cercanía entre edificios influye en el riesgo, de modo que una mejora aislada no garantiza la supervivencia de una vivienda.
El costo depende de la intervención. En un informe distinto, el Instituto Cooperativo de Investigación en Ciencias Ambientales, CIRES, estimó que construir viviendas nuevas con medidas de resistencia al fuego en siete condados de Colorado podía elevar el costo entre 0.6% y 10.8% frente a prácticas anteriores. El rango incluye alternativas que cumplen el código estatal y otras más estrictas; no es una estimación de lo que costaría adaptar una casa existente. El informe fue patrocinado por el Insurance Institute for Business & Home Safety y el programa NSF ASCEND Engine.
Para las comunidades ya construidas en zonas expuestas, el estudio de Colorado plantea que la reducción de pérdidas dependerá tanto de las mejoras físicas como de los recursos disponibles para aplicarlas.