El BCE frena las stablecoins en euros: teme menos crédito bancario y más presión sobre tasas
El BCE frena reglas más laxas para stablecoins en euros por riesgos bancarios y monetarios
TL;DR:
El BCE rechazó propuestas para relajar reglas y acelerar la emisión de stablecoins en euros.
El mercado global de stablecoins ronda los 300,000 millones de dólares, pero las denominadas en euros apenas representan 0.3%.
La disputa enfrenta dos prioridades europeas: competir contra el dólar digital o proteger la estabilidad bancaria.
El Banco Central Europeo advirtió a ministros de Finanzas de la Unión Europea que impulsar más stablecoins en euros podría reducir la capacidad de los bancos para prestar y complicar el control de las tasas de interés. La advertencia ocurrió el viernes 22 de mayo de 2026 en una reunión informal en Nicosia, Chipre, después de que el think tank Bruegel propusiera reglas más flexibles para emisores cripto y posible acceso a financiamiento del BCE. La pelea no es menor: Europa quiere evitar que el dinero tokenizado quede dominado por el dólar, pero el BCE teme que el remedio debilite al sistema bancario.
Una stablecoin es un criptoactivo diseñado para mantener un valor estable al estar vinculado a una moneda como el dólar o el euro. En la práctica, se usa para pagos transfronterizos, liquidación de activos digitales y compraventa de criptomonedas como bitcoin.
El problema para el BCE está en el flujo del dinero. Cuando una persona o empresa compra una stablecoin, sus fondos salen de una cuenta bancaria tradicional y pasan al emisor del token. A pequeña escala no parece dramático. A gran escala, puede transformar depósitos minoristas relativamente estables en financiamiento mayorista más volátil.
Ese cambio pega donde más le duele a la banca: el costo de fondeo. Si los bancos pierden depósitos baratos y estables, podrían pagar más para financiarse y prestar menos a hogares y empresas.
Bruegel quiere competir contra el dólar; el BCE no quiere abrir la puerta demasiado
La propuesta de Bruegel, preparada por Lucrezia Reichlin, Bo Sangers y Jeromin Zettelmeyer, plantea aflojar requisitos de liquidez para emisores de stablecoins y explorar acceso a financiamiento del BCE. La idea busca que Europa construya un mercado relevante de stablecoins en euros, hoy aplastado por tokens vinculados al dólar.
El argumento de Bruegel es claro: si Europa regula con demasiada rigidez mientras Estados Unidos empuja stablecoins reguladas en dólares, la actividad podría migrar fuera del bloque y aumentar la llamada “dolarización digital”.
El BCE no compró esa lógica. Christine Lagarde y otros banqueros centrales cuestionaron que el banco central pueda convertirse en prestamista de última instancia para firmas de stablecoins, una función reservada hoy para bancos regulados.
La resistencia se apoya en tres riesgos principales:
- Menos crédito bancario: depósitos más inestables pueden elevar costos de fondeo y limitar préstamos.
- Transmisión monetaria más débil: el BCE podría tener más dificultad para mover la economía mediante tasas.
- Riesgo de corrida: una crisis de confianza en un token podría provocar retiros rápidos de reservas.
En su revisión de estabilidad financiera, el propio BCE ya había advertido que un crecimiento importante de las stablecoins podría provocar salidas de depósitos minoristas y aumentar la vulnerabilidad de las estructuras de fondeo bancario.
El dato que exhibe la debilidad europea: 0.3% del mercado
La preocupación de Bruegel parte de una desventaja brutal. Según datos de Artemis citados en el reporte, la oferta de stablecoins creció alrededor de un tercio el año pasado hasta llegar a 300,000 millones de dólares. Pero las stablecoins denominadas en euros representan apenas 0.3% del total.
El mayor token en euros, Circle EURC, aparece lejos de las stablecoins dominantes en dólares. Reuters reportó que ocupa apenas el lugar 20 a nivel global.
La paradoja europea está en otro dato: las transacciones de stablecoins vinculadas a Europa representaron 38% del volumen global en el cuarto trimestre de 2025, pero casi todo ese mercado opera con infraestructura y liquidez en dólares.
Ahí aparece el dilema de política pública. Europa sí tiene usuarios, empresas y casos de uso. Lo que no tiene es una stablecoin en euros con escala suficiente para competir contra USDT o USDC.
MiCAR protege al sistema, pero puede dejar al euro atrás
El Reglamento de Mercados de Criptoactivos de la Unión Europea, conocido como MiCAR, está en vigor desde 2024 para emisores de stablecoins y exige reservas líquidas, incluyendo una parte relevante en depósitos bancarios. El BCE señala que MiCAR también prohíbe el pago de intereses sobre stablecoins, una medida diseñada para evitar que compitan de forma agresiva contra depósitos bancarios.
Estados Unidos tomó otra ruta. El GENIUS Act, firmado en julio de 2025, creó un marco federal para stablecoins de pago y exige respaldo de 100% con activos líquidos como dólares o bonos del Tesoro de corto plazo, además de divulgaciones mensuales de reservas.
La diferencia no está en si hay reglas o no. Está en el diseño político. Washington quiere reforzar el papel global del dólar en pagos digitales. Europa quiere autonomía, pero sin debilitar a sus bancos ni al euro digital que el BCE prepara para 2029.
Qivalis muestra que la banca europea también quiere jugar
La tensión no viene solo de startups cripto. Un consorcio bancario europeo llamado Qivalis ya suma 37 instituciones de 15 países y busca lanzar una stablecoin regulada en euros en la segunda mitad de 2026, sujeta a aprobación regulatoria.
El proyecto cuenta con bancos como ING, BBVA, BNP Paribas, CaixaBank, Danske Bank, UniCredit, ABN AMRO, Banco Sabadell, Rabobank, Intesa Sanpaolo, Nordea y otros grupos europeos.
Qivalis apunta a usos donde la banca tradicional ve una oportunidad real:
- pagos transfronterizos mayoristas;
- tesorería corporativa;
- liquidación de bonos y fondos tokenizados;
- movimientos de valor 24/7 entre empresas;
- infraestructura común para operaciones en euros.
La entrada de bancos cambia el tono del debate. Ya no se trata únicamente de permitir que emisores cripto compitan con el sistema financiero. También se trata de decidir si los propios bancos europeos pueden crear una alternativa privada al dominio del dólar sin chocar con el BCE.
El euro digital compite por el mismo espacio político
La discusión llega mientras el BCE prepara el euro digital, una forma de dinero público digital que busca complementar al efectivo y reducir la dependencia europea de redes privadas extranjeras.
El banco central aspira a estar listo para una posible primera emisión durante 2029, siempre que los legisladores europeos aprueben el marco legal correspondiente. También prevé pruebas piloto desde mediados de 2027.
Pero la banca mira ese proyecto con recelo. Un euro digital respaldado directamente por el BCE podría atraer depósitos fuera de bancos comerciales, justo el mismo temor que ahora aparece con las stablecoins. Por eso el debate europeo tiene una contradicción de fondo: el bloque quiere soberanía de pagos, pero cada camino posible mueve dinero fuera de algún intermediario actual.
Para México y América Latina, la discusión importa porque las stablecoins en dólares ya funcionan como infraestructura de pagos, ahorro y operación cripto en mercados con alta exposición al dólar. Si Europa no logra construir una alternativa fuerte en euros, el dinero tokenizado global podría consolidar todavía más el peso del dólar en transacciones digitales.
El BCE no está rechazando la tecnología. Está marcando una línea: Europa puede tokenizar dinero, pagos y activos, pero no quiere hacerlo a costa de convertir al banco central en red de seguridad para emisores privados de stablecoins.