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Animales

Los osos negros se acercan a Los Ángeles y obligan a aprender a convivir con ellos

Piscinas, basura y árboles frutales están acercando a los osos negros a los barrios de Los Ángeles. La convivencia depende de retirar los incentivos que los llevan a regresar.

por Gerardo Pavez
Aerial top view of house rooftops on green valley land with roadway in remote rural village
Foto de Erik Mclean en Pexels

Los osos negros ya forman parte de la vida cotidiana en algunas comunidades al pie de las montañas de Los Ángeles. En Monrovia, una familia de osos visita patios y piscinas, mientras en otras zonas los animales aparecen cerca de botes de basura, gallineros, árboles frutales y cobertizos. La temporada de hiperfagia, el periodo en que comen con intensidad antes del invierno, concentra los encuentros a finales del verano y principios del otoño. El fenómeno importa porque los videos pueden hacer que el animal parezca un vecino inofensivo, pero la habituación a la comida humana aumenta los daños, los riesgos y la posibilidad de que un oso termine reubicado o sacrificado.

El caso de Brian Gordon y su pareja, en Monrovia, resume la paradoja. Su casa está junto al Angeles National Forest y una familia de osos suele atravesar el patio o meterse a la piscina, escenas que la pareja documenta en redes sociales. Con el tiempo aprendieron a retirar la basura y otros atractivos, mantener las fuentes de comida fuera de su alcance y darles espacio. La historia, contada por The Guardian, muestra una convivencia posible, pero también cuánto trabajo humano exige que el encuentro no escale.

El alimento humano cambia el cálculo del oso

El oso negro americano es un omnívoro flexible. El Departamento de Pesca y Vida Silvestre de California (CDFW) explica que puede alimentarse de bellotas, frutos, raíces e insectos, pero también de basura, comida para mascotas, cultivos, miel y animales domésticos. La comida humana suele concentrar más calorías y requiere menos esfuerzo que buscar alimento en el bosque, por lo que un bote de basura mal cerrado puede convertirse en una recompensa que el animal recuerda.

Ese comportamiento no significa que California esté viviendo una explosión repentina de osos. La CDFW estima entre 49,000 y 71,000 osos negros en todo el estado y señala que la población se ha mantenido estable durante la última década. Lo que sí ha aumentado en el área de Los Ángeles es la superposición entre viviendas, carreteras y zonas naturales, junto con la cantidad de cámaras que registran lo que antes pasaba inadvertido.

La agencia recibe miles de reportes de avistamientos cada año. La mayoría se resuelve con información y asistencia técnica, y pocos casos llegan a considerarse una amenaza inmediata para la seguridad pública. El problema aparece cuando un animal pierde el miedo a las personas o aprende que las casas ofrecen alimento constante: entonces puede volverse más insistente y destructivo, y ese aprendizaje también puede transmitirse a sus crías.

Calor, sequía y fuego concentran los encuentros

La hiperfagia explica por qué los reportes aumentan a finales del verano y principios del otoño. Los osos necesitan acumular reservas antes de pasar el invierno en sus madrigueras, justo cuando las personas todavía salen a acampar, hacen reuniones al aire libre y dejan más comida y olores en patios y vehículos. En el sur de California, el calor también vuelve atractivas las piscinas como fuente de agua y alivio térmico.

Un estudio de UCLA y la Universidad de California en Davis publicado en Science Advances encontró una relación entre la sequía y los conflictos reportados con fauna silvestre. Al analizar siete años de datos de la CDFW, los investigadores calcularon que los reportes relacionados con osos negros aumentaban 2.6% por cada pulgada de lluvia anual que disminuía. La base de datos contabilizaba daños a propiedades y encuentros considerados molestos, no ataques a personas, una diferencia importante para interpretar la cifra.

El estudio no permite atribuir cada oso visto en Los Ángeles a la sequía, pero sí describe el mecanismo que vuelve más probable el contacto: cuando escasean los recursos en el entorno natural, los animales buscan comida, agua y refugio en espacios humanos. El mismo patrón ya produjo récords de reportes en Utah y Colorado, como documentó FomoEra en su cobertura sobre los osos que llegaron a casas y tiendas.

A plastic owl perched on a rooftop against a lush green forest backdrop.
Un oso negro cerca de una zona residencial y de un área boscosa. Imagen ilustrativa; no corresponde a un caso específico de Los Ángeles. · Foto de Karen F en Pexels

Grabar al oso no equivale a convivir con él

Las cámaras de seguridad y los videos de redes sociales han hecho visibles escenas que antes solo conocían los vecinos: osos que nadan, trepan árboles o cruzan una calle de madrugada. Wilson Sherman, investigador de UCLA citado por The Guardian, considera que esas imágenes pueden generar empatía y apoyar la conservación, pero también advierte sobre el riesgo de convertir a los animales en personajes dóciles de internet.

La rutina que reduce los conflictos es menos llamativa que el video. La CDFW recomienda retirar los atractivos, usar recipientes resistentes a osos, no dejar comida de mascotas en el exterior, recoger la fruta caída y evitar que los animales encuentren basura o alimento sin vigilancia. Si un oso aparece en un patio y no está atacando, lo más seguro es dejarle una ruta de salida, no acercarse ni intentar alimentarlo y pedir orientación a control animal o a la autoridad de fauna si las visitas se repiten.

En La Verne, una osa y sus tres crías quedaron atrapadas a finales de agosto dentro de una cisterna. Los equipos drenaron el agua, ampliaron el respiradero y se retiraron para que los animales salieran solos, un recordatorio de que la convivencia también depende de asegurar la infraestructura humana en las zonas donde el monte y los barrios se tocan. FomoEra contó ese rescate en California.

Cuando el conflicto escala, el costo lo paga el oso

La tolerancia de una comunidad puede cambiar después de un daño o un encuentro peligroso. A principios de 2026, las autoridades de Monrovia sacrificaron a una osa conocida como Blondie después de determinar que había lanzado zarpazos a residentes en dos ocasiones y causado lesiones menores. La decisión provocó protestas y una caminata en su memoria; sus dos crías quedaron bajo cuidado humano con la posibilidad de volver al medio silvestre.

El episodio concentra la tensión de toda la historia. Para muchos vecinos, las visitas de los osos son parte de la identidad local y una oportunidad de observar fauna sin salir de la ciudad. Para otros, un animal que rompe una ventana, entra a una casa o se acerca a una mascota representa un riesgo que no pueden aceptar. La propia CDFW plantea como objetivos simultáneos conservar poblaciones funcionales, minimizar el conflicto y considerar el bienestar animal.

Los Ángeles no enfrenta una invasión repentina, sino una zona de contacto que se ensancha cuando las viviendas llegan al borde del bosque, los recursos naturales disminuyen y la comida humana queda al alcance. Las piscinas y los videos hicieron visible el fenómeno; la solución sigue siendo cotidiana: asegurar los alimentos, mantener la distancia y evitar que un oso aprenda que una casa es una fuente confiable de comida.

Fuentes: 1, 2, 3

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por Gerardo Pavez

Redactor y creador de contenido especializado en deportes y tecnología. Apasionado por todo lo que ocurre dentro y fuera de la cancha.

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