Cynthia Erivo cuestionó la atención que recibió su amistad con Ariana Grande durante la promoción de Wicked. En una entrevista publicada por The Guardian el 27 de octubre de 2026, dijo que algunas personas parecían molestas por ver a dos mujeres tan unidas y juzgaban sus muestras de emoción en público. También volvió sobre el incidente de Singapur en el que intervino cuando un hombre sujetó a Grande: el apodo de "guardaespaldas" le incomodó porque, sostuvo, reaccionó como lo haría por cualquier amiga.
La crítica alcanzó incluso sus gestos durante las entrevistas
Las dos actrices, que interpretaron a Elphaba y Glinda en las películas de Wicked, se abrazaban, lloraban y reían durante la gira de prensa. Erivo contó a The Guardian que había visto muchos de los memes surgidos de esas apariciones y que varios le gustaban. Su objeción se dirigió a las especulaciones sobre la autenticidad de su cercanía y a quienes parecían reprocharles que expresaran emociones.
Erivo describió esa reacción como "un arma de doble filo": a su juicio, si ambas se hubieran mostrado distantes, también habrían recibido críticas. Su comentario apunta a la contradicción que veía en esas exigencias, no a que toda reacción del público fuera hostil.
Por qué Erivo rechazó el apodo de "guardaespaldas"
En noviembre de 2025, un hombre irrumpió en la alfombra roja del estreno de Wicked: For Good en Singapur y sujetó a Grande. Erivo intervino y después contó que ambas quedaron expuestas y que el momento le resultó aterrador. Le molestó que parte de la conversación pública la presentara como protectora profesional de su compañera en vez de reconocer una reacción entre amigas.
Esa objeción ya tenía antecedentes. En mayo de 2026, The Guardian informó sobre otra entrevista en la que Erivo relacionó las bromas sobre su supuesto papel de guardaespaldas con prejuicios sobre la apariencia de las mujeres negras. La conversación de octubre amplió su crítica a la forma en que se interpretaron las emociones de ambas durante la promoción de las películas.
Erivo separó el afecto que compartía con Grande de las interpretaciones ajenas sobre cómo debían comportarse ante las cámaras y en una situación de riesgo. Esas interpretaciones, explicó, terminaron por convertir gestos cotidianos en motivos de sospecha o burla.