TL;DR:
- Bolívar y Grêmio abrieron el playoff de octavos de la Copa Sudamericana 2026 en el Estadio Hernando Siles con cinco goles repartidos entre las dos áreas.
- Luís Castro, técnico de Grêmio, no viajó a Bolivia: sus médicos le prohibieron subir a gran altitud por su historial de neumotórax y la Conmebol autorizó que dirigiera el auxiliar Vitor Severino.
- La vuelta se juega el 30 de julio en Porto Alegre y el ganador se cruza con São Paulo en los octavos de final.
Bolívar y Grêmio abrieron a puro gol el partido de ida de los playoffs de octavos de la Copa Sudamericana 2026 en el Estadio Hernando Siles de La Paz. Martín Cauteruccio conectó de cabeza al minuto 1 para el 1-0 boliviano, Mathías Villasanti emparejó, Robson Matheus devolvió la ventaja local tras un rebote de Weverton y Tetê volvió a igualar con un remate desviado en un defensor. Dairon Asprilla puso el 3-2 en el complemento, y con ese marcador seguía el juego hacia las 19:30 de La Paz. Del otro lado hubo una ausencia que ninguna alineación alcanzó a explicar: Luís Castro, entrenador de Grêmio, se quedó en Brasil. El club informó que sus médicos le prohibieron viajar a gran altitud y la Conmebol dio el visto bueno para que el auxiliar Vitor Severino dirigiera desde la línea.
La altura dejó a Luís Castro fuera del viaje, y la Conmebol lo autorizó
El caso salió por la puerta grande: una nota oficial del propio club, difundida esta semana y reproducida por el portal brasileño Terra. Ahí Grêmio explicó que el portugués pasó en los últimos años por dos intervenciones para tratar episodios de neumotórax y que, tras una batería de exámenes, recibió la indicación de no viajar a lugares de gran altitud. El club envió a la Conmebol un informe firmado el 8 de julio por el médico Fernando Lucchese, y el organismo autorizó a Severino como responsable del equipo en el partido.
La escena tiene un contexto pesado. Grêmio llegó a La Paz un punto arriba de la zona de descenso del Brasileirão, tras caer 2-1 con Mirassol el 17 de julio, y con la directiva bancando públicamente a Castro después de esa derrota. El ejecutivo Paulo Pelaipe descartó el cambio de técnico ante la prensa. Es decir: el entrenador más cuestionado del club tampoco pudo estar en el partido que puede salvarle el semestre.

El Hernando Siles sigue siendo la peor escala para los brasileños
Los números que publicó la Conmebol antes del partido explican por qué Grêmio armó el viaje con tanto cuidado:
- Grêmio ganó tres de los cuatro duelos previos ante Bolívar en torneos Conmebol, todos en fase de grupos de la Libertadores: dos victorias en 1983, y un triunfo con una derrota en 2003.
- Esta es la primera vez que ambos se cruzan en una instancia eliminatoria.
- Bolívar salió invicto en 18 de sus 22 partidos como local ante rivales brasileños en torneos Conmebol, con 13 victorias y cinco empates.
- Una de sus cuatro derrotas en casa ante brasileños fue justamente contra Grêmio, 1-2 en marzo de 1983.
- Desde 2018, Bolívar promedia 62.7% de posesión como local en competencias Conmebol y solo una vez bajó del 50%: 49.5% ante Fluminense, este año.
Cauteruccio, además, llegó con una racha difícil de ignorar: anotó en las últimas siete ediciones de torneos Conmebol que disputó. Uno de sus 16 goles continentales se lo hizo a Grêmio en 2016, cuando vestía la de San Lorenzo. Tardó 60 segundos en repetir la dosis.
La vuelta del 30 de julio define quién se cruza con São Paulo
La serie se cierra el jueves 30 de julio en la Arena do Grêmio de Porto Alegre, y el ganador ya tiene rival esperando: São Paulo en los octavos de final. Bolívar cayó a la Sudamericana tras quedar tercero del Grupo C de la Libertadores, detrás de Independiente Rivadavia y Fluminense, y desde mayo convirtió este torneo en su objetivo del semestre. Grêmio entró como escolta de Montevideo City Torque en el Grupo F, con 11 puntos.
El partido lo dirigió Roberto Pérez, con Diego Haro en el VAR, ambos peruanos.
Para el club paceño, la Sudamericana carga un peso simbólico: sigue siendo el único equipo boliviano que llegó a la final del torneo, en 2004. Para Grêmio, es la única de las grandes copas continentales que nunca ganó, y hoy también la única vía rápida para tapar un semestre que lo tiene mirando la tabla del descenso. Los 3.600 metros del Hernando Siles ya le cobraron la primera factura antes del pitazo inicial.