La economía global se desacelera por la guerra en Irán y el alza histórica de costos
La guerra en Irán y el cierre de Ormuz hunden la actividad global y disparan la inflación en mayo de 2026.
TL;DR:
La actividad del sector privado global registra un marcado deterioro en mayo debido al impacto directo del conflicto en Medio Oriente.El bloqueo del estrecho de Ormuz mantiene paralizado el 20% del tránsito mundial de petróleo y gas natural.Alemania encadena dos meses en contracción mientras las empresas de Japón elevan sus precios al ritmo más rápido en casi dos décadas.
Los índices preliminares de gerentes de compras (PMI) publicados este jueves revelan un preocupante deterioro de la actividad del sector privado en las principales economías del mundo durante mayo de 2026. El prolongado conflicto bélico en Irán continúa encareciendo la energía y los insumos de producción, lo que está asfixiando el crecimiento global y avivando presiones inflacionarias que complican el panorama para los bancos centrales [3, 4].
Este freno sincronizado muestra cómo las hostilidades en Medio Oriente se han traducido en un severo shock de oferta para la economía internacional. Desde la clausura de una vía marítima clave en marzo pasado, el encarecimiento de los energéticos se ha trasladado con fuerza a las cadenas de suministro, el transporte de mercancías y los precios al consumidor final [4, 5].


Europa y Asia sufren el impacto en la manufactura y los servicios
La economía de Alemania, el motor de la eurozona, sigue sin encontrar rumbo. Su índice PMI compuesto apenas subió a 48.6 puntos en mayo frente a los 48.4 de abril, manteniéndose por debajo del umbral de los 50 puntos que separa el crecimiento de la contracción, de acuerdo con los datos publicados por S&P Global. La producción manufacturera se debilitó drásticamente por una nueva caída en los pedidos de las fábricas, mientras que el sector servicios atenuó su descenso de forma muy discreta.
Esta coyuntura obligó a las corporaciones alemanas a enfrentar la mayor inflación de costos de insumos en más de tres años. Ante la presión en los márgenes, los despidos en el país europeo se aceleraron al ritmo más rápido en año y medio, concentrándose principalmente en las plantas industriales.
Por su parte, Japón vio caer su PMI compuesto de 52.2 en abril a 51.1 en mayo, su ritmo de expansión más débil en cinco meses [3]. El sector servicios del país asiático se estancó por completo al registrar un índice de 50.0, lo que puso fin a una racha de 13 meses consecutivos de crecimiento.
Para compensar el encarecimiento de las materias primas importadas por las interrupciones logísticas, las empresas japonesas ajustaron al alza sus precios de venta con la mayor velocidad registrada en casi 19 años de mediciones históricas del indicador [3].
"Si las presiones de costos continúan aumentando y la demanda se debilita, la confianza empresarial y la economía en general podrían sufrir una mayor tensión en los próximos meses", advirtió Annabel Fiddes, directora asociada de economía en S&P Global Market Intelligence.
El estrecho de Ormuz y la crisis energética global
Detrás de estas cifras se encuentra el estrangulamiento de los flujos comerciales provocado por la guerra. El cierre del estrecho de Ormuz a principios de marzo interrumpió aproximadamente el 20% del tránsito global de petróleo y gas natural, lo que disparó de inmediato el costo de los combustibles a nivel internacional [4].
Las consecuencias de esta parálisis ya no solo afectan a las corporaciones logísticas, sino que comienzan a golpear los bolsillos de la población en los países desarrollados a través de incrementos constantes en gasolina, tarifas de electricidad y alimentos básicos [5].
La industria manufacturera es la que está absorbiendo el impacto más severo. Empresas en Alemania, Japón y el Reino Unido reportan demoras extraordinarias en los tiempos de entrega de materiales y sobrecostos insostenibles que ya destruyen la demanda de los consumidores y fuerzan el recorte de personal [3].
Qué sigue
La combinación de una actividad económica a la baja y una inflación de costos persistente coloca en una posición muy difícil a los bancos centrales, que deben decidir si mantienen tasas de interés elevadas para contener los precios o si las reducen para evitar una recesión profunda. Mientras el conflicto en Irán no muestre señales de resolución, la volatilidad en los mercados de energía continuará dictando el rumbo del crecimiento global durante la segunda mitad del año [4, 5].