TL;DR:
- La Agencia Internacional de la Energía redujo sus proyecciones de extracción de crudo en Rusia para este año y el próximo.
- Las campañas constantes de drones ucranianos han paralizado refinerías rusas y forzado un desvío hacia la exportación de crudo sin procesar.
- A pesar de un repunte técnico en junio, la tendencia a largo plazo apunta a una caída sostenida que amenaza los ingresos fiscales del Kremlin.
El impacto acumulado de la guerra de desgaste sobre la infraestructura energética rusa ya tiene números oficiales. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) recortó este jueves su previsión para la producción de petróleo en Rusia, estimando que la extracción caerá aproximadamente un 3% en este año para situarse en una media de 8.9 millones de barriles diarios (bpd). La causa directa detrás de este reajuste a la baja es la campaña de ataques con drones por parte de Ucrania, que continúa inhabilitando complejos clave de refinación y almacenamiento de hidrocarburos.
En su Reporte del Mercado de Petróleo correspondiente a julio, difundido por Reuters, la organización recortó la previsión rusa para 2026 en 85,000 barriles por día, mientras que para 2027 aplicó un tijeretazo de unos 150,000 barriles diarios. Con estos ajustes, la AIE estima que Rusia, el tercer mayor productor de crudo del mundo, bombeará apenas 8.8 millones de bpd in 2027, una caída significativa frente a los 9.2 millones de bpd registrados en 2025.


El dilema del crudo ruso: refinar menos y exportar más
La coyuntura actual de la industria petrolera rusa presenta una aparente paradoja que los analistas del sector han comenzado a desmenuzar. En junio, la producción rusa de crudo experimentó un leve respiro al subir 120,000 barriles diarios hasta alcanzar los 8.86 millones de bpd, recuperándose parcialmente del mínimo de mayo, que rozó los 8.7 millones de bpd. Paralelamente, las exportaciones totales de crudo se dispararon en junio hasta los 5.8 millones de bpd, lo que representó un incremento de 620,000 bpd respecto al mes previo.
Sin embargo, este aumento en los envíos marítimos no es síntoma de fortaleza, sino una consecuencia directa del daño en casa. Al estar inoperantes numerosas refinerías rusas debido a los incendios y destrozos causados por los impactos de drones ucranianos, el país se ha visto obligado a exportar su petróleo crudo sin procesar en lugar de transformarlo internamente en gasolinas o diésel. El desplome de la actividad de refinación en mayo y principios de junio llevó el procesamiento de combustibles a sus niveles más bajos en casi dos décadas, según estimaciones de la consultora Energy Aspects citadas por The Moscow Times.
Este cambio en la dinámica tiene un costo fiscal profundo para Moscú. Aunque la exportación de crudo sostiene los ingresos de las operadoras y los intermediarios, el presupuesto federal de Rusia depende de manera prioritaria del impuesto a la extracción de minerales, que se grava sobre la producción en boca de pozo, y no solo de los aranceles de exportación. Si la producción general continúa en declive, las arcas del Kremlin, que financian la maquinaria militar y dependen de la energía para cubrir entre una cuarta y una tercera parte de sus ingresos fiscales, sentirán la presión de forma directa.
Drones de largo alcance redefinen el mapa del conflicto
La estrategia de Kiev ha evolucionado y los ataques ya no se limitan a las zonas fronterizas o los puertos más expuestos del mar Negro. La AIE apuntó que las fuerzas ucranianas han comenzado a utilizar drones con mayor autonomía de vuelo para alcanzar regiones de extracción y procesamiento mucho más remotas, ampliando el radio de disrupción hacia el interior del territorio ruso.
La respuesta de Rusia ha sido admitir el golpe de forma indirecta. Por primera vez en junio, el gobierno ruso reconoció una baja en su producción de petróleo, aunque atribuyó oficialmente el retroceso a labores de mantenimiento no programadas.
La AIE mantiene la proyección de que estos ataques con drones mantendrán deprimidas las tasas de procesamiento de las refinerías rusas al menos durante toda la mitad de este año. La vulnerabilidad de estas plantas industriales, muchas de ellas con tecnología difícil de reemplazar debido a las sanciones occidentales, sitúa la capacidad de refinación rusa en una posición precaria frente a una ofensiva aérea que no da señales de tregua.
Un mercado global en dirección opuesta
El retroceso de la oferta rusa ocurre en un escenario internacional caracterizado por la debilidad de la demanda y un panorama general de sobreoferta. El mismo reporte de la AIE para el mes de julio anticipa que la demanda global de petróleo se contraerá en 1 millón de barriles diarios en comparación con el año pasado, marcando la primera contracción anual del consumo de crudo a nivel mundial desde la crisis de la pandemia en 2020.
Con los inventarios globales en niveles saludables y una menor tracción económica de los principales consumidores industriales, la pérdida de barriles rusos en el mercado internacional no ha provocado, de momento, un desabastecimiento generalizado ni un repunte descontrolado en los precios globales del petróleo. Para el Kremlin, el panorama es complejo: produce menos bajo la presión de las bombas ucranianas, exporta materia prima barata con menor valor agregado y se enfrenta a un mercado global que ya no necesita desesperadamente cada uno de sus barriles.