El Buró Internacional de Pesas y Medidas (BIPM) propone dejar de introducir segundos intercalares desde el 20 de mayo de 2027. La Conferencia General de Pesas y Medidas examina el proyecto en su reunión del 13 al 15 de octubre de 2026. El objetivo es evitar que una rotación terrestre más rápida obligue a quitar un segundo a la hora oficial, una corrección nunca aplicada que preocupa a los responsables de la sincronización digital.
En 2022, la conferencia acordó ampliar el margen entre el tiempo atómico y el basado en la rotación terrestre a más tardar en 2035. El proyecto de resolución C concreta una fecha anterior. Su votación figura en la agenda del 15 de octubre, por lo que el calendario de 2027 sigue siendo una propuesta.
Dos formas de medir el tiempo
El Tiempo Universal Coordinado, conocido como UTC, es la referencia internacional para la hora civil y se basa en relojes atómicos. UT1, en cambio, se calcula a partir de la rotación de la Tierra, que presenta irregularidades. Los segundos intercalares permiten mantener la diferencia entre ambas escalas dentro de 0.9 segundos, explica el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de Estados Unidos (NIST).
Cuando se añade uno, el reloj marca las 23:59:59 UTC, después las 23:59:60 UTC y finalmente las 00:00:00 UTC del día siguiente. El registro del NIST recoge 27 ajustes positivos desde 1972; el último ocurrió el 31 de diciembre de 2016.
Un segundo intercalar negativo haría saltar la secuencia desde las 23:59:58 UTC hasta las 00:00:00 UTC. Desaparecería una posición del reloj. Aunque el sistema contempla esa posibilidad, hasta ahora todas las correcciones han consistido en añadir tiempo.
Una proyección que contempla ajustes en ambas direcciones
La aceleración reciente del planeta aumenta la posibilidad de necesitar una corrección negativa. Un informe de julio de 2026 del Comité Consultivo de Tiempo y Frecuencia (CCTF) describe un taller organizado en 2025 por el BIPM y el Servicio Internacional de Rotación de la Tierra y Sistemas de Referencia (IERS).
El modelo acordado allí estimó alrededor de 30 % de probabilidad de un segundo intercalar negativo en los diez años siguientes, junto con cerca de 50 % de probabilidad de uno positivo. La proyección contempla cambios en ambas direcciones: la aceleración reciente por sí sola no fija una fecha para eliminar un segundo.
La preocupación tecnológica se concentra en los equipos que distribuyen y sincronizan la hora. Según el CCTF, una corrección negativa presenta un riesgo elevado de fallos en una situación nueva para esos sistemas. El proyecto del BIPM advierte también que los distintos métodos usados para suavizar los ajustes pueden producir diferencias de tiempo entre servicios.
El margen de una hora se acumularía durante siglos
La propuesta elevaría la diferencia máxima permitida entre UTC y UT1 a 3,600 segundos, equivalentes a una hora. El desfase crecería gradualmente y ese margen permitiría mantener UTC sin correcciones durante varios siglos, según el BIPM. El documento fija una tolerancia a largo plazo, sin establecer un calendario de saltos de una hora.
Para el próximo cierre de año hay un anuncio operativo concreto. El Boletín C 72 del IERS, fechado el 6 de julio de 2026, confirma que no se introducirá ningún segundo intercalar al finalizar diciembre de 2026. Estos boletines se emiten cada seis meses para anunciar una corrección o confirmar que la siguiente oportunidad transcurrirá sin ella.
Las aplicaciones que observan el cielo tendrían que incorporar la diferencia publicada entre UTC y UT1 y adaptar sus equipos y software, explica el NIST. Así, los relojes civiles podrían avanzar sin esos saltos, mientras los cálculos astronómicos seguirían tomando en cuenta la rotación del planeta.