La bahía de Chesapeake, en la costa este de Estados Unidos, obtuvo su mejor puntuación ambiental en 40 años: una C+ (56 %). El University of Maryland Center for Environmental Science (UMCES) publicó la evaluación el 13 de octubre de 2026. El resultado refleja avances en su recuperación, aunque la calificación todavía describe una salud moderada.
La fecha del informe requiere una precisión: las notas de la bahía corresponden principalmente a condiciones de 2025, no a una medición completa de 2026. Según WBOC, los datos de vegetación acuática proceden de 2024 y los de calidad del agua de la cuenca abarcan de 2022 a 2024.
El oxígeno destaca y la claridad del agua sigue rezagada
El desglose publicado por WBOC sitúa al indicador de oxígeno disuelto en primer lugar, con 85 % y una A. Esa puntuación bajó respecto al reporte anterior; los demás indicadores mejoraron, con los mayores avances en nitrógeno total y clorofila a, una medida de la presencia de algas.
La claridad del agua pasó de una F a una D, pero su índice quedó en 25 %, el más bajo del conjunto. Tanto la claridad como la clorofila mantienen tendencias de deterioro a largo plazo. La comparación muestra cómo una mejora anual puede convivir con un problema que persiste durante décadas.
Alexandra Fries, responsable del programa, explicó a WHRO que los científicos todavía desconocen por qué empeoran esos dos indicadores. Señaló los sedimentos, incluidos los procedentes de obras de construcción, como una posible causa de la pérdida de claridad.
El promedio oculta diferencias entre regiones
El comunicado de UMCES identifica tendencias de mejora en ocho de las 15 regiones de la bahía. Lower Bay, en su zona meridional, alcanzó una B+, la mejor puntuación registrada para una región. Lower Western Shore obtuvo el resultado más bajo, una D-.
La evaluación de la cuenca, el territorio que vierte sus aguas hacia la bahía, incorpora también indicadores sociales y económicos. Obtuvo otra C+, pero las tendencias de calidad del agua empeoran en dos regiones: Lower Eastern Shore y Lower James. El progreso del conjunto convive, por tanto, con zonas que siguen perdiendo calidad ambiental.
Un año seco ayudó a reducir la contaminación
WHRO recoge que 2025 fue relativamente seco, lo que redujo el arrastre de contaminantes desde tierra hacia el agua. Fries considera que la mejora sostenida a largo plazo también refleja las acciones de restauración, incluso con el crecimiento de la población y la presión del desarrollo urbano.
Uno de los logros documentados es la recuperación de arrecifes de ostras. La sección de restauración del informe señala que, desde 2014, los socios del programa restauraron y protegieron aproximadamente 2,400 acres de hábitat en 11 afluentes de Maryland y Virginia. Durante ese esfuerzo, completado en 2025, se sembraron más de 7,500 millones de ostras.
Las ostras filtran agua y sus arrecifes ofrecen hábitat a peces y cangrejos. UMCES prevé incorporarlas, junto con otros indicadores pesqueros, a futuras evaluaciones. Su restauración aporta evidencia sobre la recuperación de hábitats; la calificación actual mide el estado de otros indicadores del agua y de la vida acuática.
El corte temporal también deja fuera el derrame de aguas residuales ocurrido en el río Potomac en enero de 2026. UMCES señala que sus posibles efectos sobre la calidad del agua podrían aparecer en el reporte de 2027, que permitirá evaluar ese episodio posterior al año del récord.