Un equipo de Columbia y la Universidad de California en Berkeley encontró que los microplásticos y nanoplásticos pueden generar espontáneamente moléculas muy reactivas al tocar el agua. Columbia presentó el hallazgo, publicado en Nature el 14 de octubre de 2026, como una posible vía de daño biológico.
Columbia realizó los experimentos químicos y biológicos; Berkeley aportó los cálculos y las simulaciones del mecanismo.
El agua participa en la reacción
Las superficies plásticas son hidrofóbicas: repelen el agua. Según Columbia, el contacto entre ambos favorece transferencias de electrones y genera radicales, moléculas capaces de dañar tejidos.
Al fragmentarse, el plástico expone más superficie en relación con su volumen. Eso multiplica los lugares donde puede ocurrir esta química: la fragmentación también cambia cuánto material está en contacto con el agua.
Del mecanismo químico al riesgo humano
Trasladar el hallazgo a la salud humana exige medir dosis, duración de la exposición y efectos en tejidos bajo condiciones realistas.
Una revisión publicada en marzo de 2026 en Environmental Health, encabezada por Yuzhu Zhang, identifica una brecha entre ensayos de laboratorio y exposición cotidiana. Señala el uso de dosis poco representativas y materiales aislados, además de la falta de estudios con dosis bajas y exposición prolongada.
La revisión advierte que las asociaciones con enfermedades humanas todavía requieren aclarar la causalidad. Su análisis del campo es anterior al nuevo trabajo de Nature.
Leídos juntos, los trabajos apuntan a tareas complementarias: explicar la reactividad y medir sus efectos bajo condiciones de exposición realistas. La revisión propone armonizar los métodos para detectar y cuantificar partículas en muestras ambientales y biológicas.