La NASA publicó el 13 de octubre de 2026 una imagen de Spider Crater, en Australia Occidental, cuyas crestas parecen las patas de una araña. La erosión dejó expuesto el centro de una antigua estructura de impacto.
El instrumento OLI de Landsat 9 captó la escena el 20 de septiembre de 2026. Según la agencia, la figura arácnida central abarca unos 4 kilómetros dentro de una estructura expuesta de 13 por 11 kilómetros.
La erosión dejó visible el centro del impacto
Las crestas claras son areniscas que resistieron la erosión. Rodean el levantamiento central, la porción del suelo del cráter que ascendió por el rebote posterior al choque, explica el Observatorio de la Tierra de la NASA.
La base geológica Impact Earth, de Western University, recoge indicios de al menos un kilómetro de erosión regional. Advierte que la superficie actual estaría muy por debajo del suelo original del cráter y que las crestas podrían representar solo la parte interior de su levantamiento central.
Las dimensiones del afloramiento describen, por tanto, lo que quedó expuesto tras ese desgaste. El diámetro original del borde del cráter sigue siendo desconocido, según el catálogo. Medir la figura desde el espacio y reconstruir el tamaño de la colisión son problemas distintos.
Los minerales conservan las huellas del choque
El origen por impacto cuenta con evidencia de campo y laboratorio. Un estudio revisado por pares publicado en 2021 en Meteoritics & Planetary Science examinó 453 granos de circón en 12 muestras de roca. Identificó en 19 de ellos estructuras cristalinas características de deformación por choque.
Las muestras también contenían conos de fractura, conocidos como shatter cones, que se forman cuando ondas de choque intensas atraviesan la roca. Son una de las pruebas que permiten reconocer un impacto.
El equipo encontró una distribución desigual de la deformación en los circones respecto del centro de la estructura, un patrón que apoya un impacto oblicuo. El cuarzo analizado no mostró una distribución comparable. La zona con las señales de choque más intensas tampoco coincidía con el centro geográfico.
La edad sigue siendo una inferencia geológica. El estudio de 2021 maneja un intervalo de 610 a 900 millones de años, mientras que Impact Earth recoge uno de 580 a 900 millones. Los límites dependen de la interpretación de los estratos y la erosión regional.
El trabajo de 2021 propone utilizar esa distribución de las huellas minerales para orientar el muestreo en otras estructuras atribuidas a impactos oblicuos.