La Asociación Nacional de Evangélicos de Estados Unidos emitió a comienzos de octubre una declaración sobre inteligencia artificial, según una columna de Tim Higgins publicada el 11 de octubre en The Wall Street Journal y reproducida por Mint. El periodista plantea que las iglesias buscan influir en esta tecnología desde una etapa temprana y presenta esa participación como un nuevo riesgo político para sus desarrolladores.
Higgins recoge el caso de Joseph Hutchinson, pastor de Gospel Light Baptist Church, en Orangeburg, Carolina del Sur. Las preguntas de sus feligreses lo llevaron a vincular la IA con el Apocalipsis. El predicador también expresó esperanza en sus posibles beneficios médicos, aunque le preocupa que su poder sea mal utilizado.
Las inquietudes también afectan al trabajo y la vida comunitaria
El debate ya había reunido a dirigentes de distintas confesiones. Religion News Service documentó las intervenciones de Walter Kim, el arzobispo católico de San Francisco, Salvatore J. Cordileone, y Gerrit W. Gong, de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, durante The Pro-Human Assembly, celebrado en Washington el 15 de septiembre de 2026. Gong participó mediante un mensaje en video.
Kim, presidente de la Asociación Nacional de Evangélicos, cuestionó que la definición de lo humano incorporada a la IA excluya a comunidades poco representadas en sus materiales de entrenamiento. También discutió la promesa de un futuro sin trabajo: para él, el esfuerzo laboral tiene un significado que merece considerarse al evaluar la automatización.
Gong reconoció usos de la IA para traducción, comunicación y apoyo comunitario, al tiempo que manifestó preocupación por los sesgos religiosos. Estas intervenciones muestran un debate sobre qué valores deben orientar la tecnología, con espacio tanto para sus aplicaciones útiles como para cuestionar sus efectos.
El Vaticano y Anthropic parten de posiciones diferentes
La encíclica Magnifica Humanitas, firmada por León XIV el 15 de mayo de 2026, sostiene que las inteligencias artificiales carecen de experiencia vivida y conciencia moral. El documento distingue la imitación de empatía de las relaciones humanas y su dimensión corporal y afectiva.
Anthropic expresa otra posición en la constitución de Claude, el documento con el que describe los valores y comportamientos que busca entrenar. La compañía considera profundamente incierto el estatus moral del modelo y cree que esa incertidumbre merece cautela. También aclara que hablar de posibles emociones funcionales no determina si el sistema las experimenta subjetivamente.
El Vaticano habla de juicio y responsabilidad; Anthropic, de posible experiencia subjetiva, es decir, lo que un sistema podría sentir, y de qué consideración merecería.
Las diferencias entre Anthropic y el Vaticano ya habían aparecido en los preparativos de la presentación de la encíclica.
Quién responde por las decisiones de una máquina
La encíclica exige responsabilidades identificables y vigilancia independiente. Ante decisiones automatizadas que afectan al empleo, al crédito o a servicios, pide que los resultados puedan cuestionarse y que alguien responda por sus consecuencias.
Anthropic sitúa la supervisión humana entre sus prioridades de seguridad. Pide que Claude permita corregir su comportamiento incluso cuando considere adecuadas sus propias conclusiones. También advierte que el comportamiento real puede apartarse de los ideales del documento, que describe una intención de entrenamiento.
Ambos reservan un papel a la intervención humana. El Vaticano exige discutir los valores incorporados a la IA; Anthropic busca preservar la supervisión y corrección de sus modelos.