Un planeta con la masa de la Tierra podría conservar una órbita estable en la zona habitable de 70 Ophiuchi A, una de las dos estrellas de un sistema situado a unos 16 años luz. Las simulaciones de un equipo encabezado por la Universidad de Michigan dejan abierta esa posibilidad pese a la influencia gravitatoria de la estrella compañera. Todavía no hay planetas confirmados en el sistema.
El trabajo, publicado en The Astrophysical Journal, combina observaciones con modelos numéricos. La Universidad de California en Riverside presentó sus resultados el 29 de septiembre de 2026. Ambas estrellas son más pequeñas y frías que el Sol, con cerca del 88 % y el 73 % de su masa, respectivamente.
Diez millones de años alrededor de una estrella
El modelo estudió un planeta que giraría alrededor de la estrella principal, una configuración llamada órbita de tipo S. La segunda estrella ejercería su influencia desde una trayectoria más lejana.
"Lo que encontramos es que son posibles órbitas estables en la zona habitable de la estrella principal", explicó Skylar D'Angiolillo, doctoranda de Riverside que realizó las simulaciones, en la entrevista publicada por su universidad.
Los autores probaron 2,000 posiciones orbitales y siguieron cada planeta virtual durante 10 millones de años. Partieron de órbitas circulares, en el mismo plano y sentido de movimiento que el par estelar. Esas condiciones delimitan el resultado: una inclinación muy distinta puede alterar la estabilidad.
La zona habitable conservadora calculada para la estrella principal se extiende de 0.711 a 1.273 unidades astronómicas. Una unidad astronómica equivale a la distancia media entre la Tierra y el Sol. En las simulaciones, la región estable alcanza aproximadamente 2.5 unidades astronómicas. La distancia mínima entre las dos estrellas es de unas 11.6 unidades astronómicas. Esa separación ayuda a explicar que exista espacio para una órbita planetaria dentro de la zona habitable.
La actividad estelar puede imitar un planeta
La investigación también analizó mediciones de velocidad radial, que registran el movimiento de una estrella hacia la Tierra o en dirección contraria. Un planeta puede producir variaciones mediante su atracción gravitatoria. Según el resumen institucional de IPAC, el nuevo análisis atribuye las variaciones observadas a cambios en la superficie estelar.
Los autores ponen límites a la presencia de planetas con la masa de Júpiter dentro de unas 5 unidades astronómicas de la estrella principal, bajo las suposiciones orbitales y la sensibilidad del estudio. Los planetas de masa terrestre siguen por debajo del umbral que permiten estos datos. Por eso, descartar gigantes en ciertas órbitas mantiene abierta la búsqueda de mundos pequeños.
La búsqueda de planetas allí se remonta al siglo XIX. En 1855, William Jacob propuso la presencia de un planeta a partir de anomalías en la órbita del par. Aquella propuesta no se sostuvo; las variaciones modernas de velocidad radial son otra evidencia que el equipo examinó.
Una órbita estable es el primer filtro
La NASA define la zona habitable como la distancia a una estrella donde podría persistir agua líquida en la superficie de un planeta con una atmósfera adecuada. La posición orbital por sí sola deja abiertas las condiciones ambientales: Venus se encuentra cerca del borde interior de la zona del Sol y Marte cerca del exterior, con ambientes muy distintos al terrestre.
En 70 Ophiuchi, el resultado identifica dónde buscar. Riverside señala que este análisis puede ayudar a seleccionar objetivos para el futuro Habitable Worlds Observatory de la NASA. IPAC también destaca su interés para SHERA, un concepto de misión dedicado a buscar planetas mediante mediciones precisas de las posiciones relativas de estrellas binarias.