Matt Roeske, creador de contenido de bienestar, afirma haber bebido agua de una jarra radiactiva durante 250 días. El video, difundido en la cuenta Cultivate Elevate de Instagram y descrito por Futurism, presenta la práctica como beneficiosa. La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) advierte que la exposición prolongada a niveles altos de radio aumenta el riesgo de cáncer.
Los días de consumo corresponden a su propio relato. La publicación de Futurism, del 3 de octubre de 2026, no aporta mediciones del agua ni una evaluación clínica del influencer. Gizmodo señaló que el recipiente parecía activar un detector de radiación durante la demostración.
Detectar radiación y medir lo ingerido son cosas distintas
La EPA distingue, en su explicación sobre las unidades de radiación, la radiactividad de un material de la dosis que absorbe una persona. Una lectura junto al recipiente registra la respuesta del aparato en esas condiciones; evaluar el agua exige conocer qué sustancias contiene y en qué concentración.
Su guía sobre mediciones radiológicas explica que las lecturas dependen del tipo de radiación, de la calibración y de la disposición entre la fuente y el detector. También diferencia las mediciones de campo de los análisis de muestras en laboratorio, que pueden identificar los elementos radiactivos presentes.
Aplicada a esta demostración, esa distinción deja una pregunta pendiente: cuánto material radiactivo habría ingerido Roeske. Para evaluar esa exposición haría falta conocer la composición del agua y la cantidad consumida durante el periodo que afirma. Una lectura alrededor de la jarra, por sí sola, no responde esa pregunta.
El Revigator liberaba radón en el agua
Futurism identifica el recipiente como un Revigator, un producto de la década de 1920. El Museo de Radiación y Radiactividad de Oak Ridge Associated Universities (ORAU) describe su diseño: un cuerpo de cerámica con un revestimiento poroso que incorporaba mineral de uranio.
El radio presente en ese mineral se desintegraba y producía radón, un gas radiactivo que el agua absorbía. ORAU señala que la concentración resultante variaba según el agua utilizada. El nombre del dispositivo, por tanto, no basta para asignar una concentración a cualquier ejemplar.
Esa descripción histórica explica cómo funcionaban las jarras. La composición y las condiciones del recipiente mostrado en el video siguen siendo necesarias para evaluar el agua que contiene.
El riesgo del radio tiene antecedentes documentados
La ficha de la EPA sobre el radio, actualizada el 22 de enero de 2026, vincula la exposición crónica a niveles elevados con una mayor incidencia de cáncer de huesos, hígado y mama. La agencia también explica que este elemento existe de manera natural y que las concentraciones en el agua potable suelen ser bajas, aunque varían según la geología local.
El Radithor, otro producto vendido como tónico en aquella época, tenía una composición distinta: era agua con radio-226 y radio-228 añadidos. ORAU documenta que el empresario Eben Byers lo consumió durante años y murió en 1932 por los efectos de esa exposición.
La intervención contra las promesas comerciales de Radithor también está documentada. El 19 de diciembre de 1931, la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos (FTC) ordenó a su fabricante dejar de atribuirle propiedades terapéuticas y de presentarlo como inofensivo, según el registro de ORAU.