La inflación de Reino Unido subió al 3.5% anual en septiembre de 2026, impulsada por los combustibles, según la Oficina Nacional de Estadística (ONS). El repunte refuerza las expectativas de una subida de tasas en noviembre y coincide con advertencias de otros bancos centrales sobre la propagación del encarecimiento energético al resto de los precios.
La respuesta monetaria depende también de las condiciones de cada economía. Las actas de India publicadas el 21 de octubre explican un aumento ya aprobado; Corea del Sur decidió mantener su tasa el día 22, y Australia sigue evaluando cuánto más debe frenar la actividad para contener la inflación.
La gasolina deja señales distintas en Reino Unido y Nueva Zelanda
El informe británico, publicado el 21 de octubre, muestra una aceleración desde el 3.1% anual de agosto. Los combustibles para vehículos costaban 29.8% más que un año antes y fueron el principal impulso al aumento de la tasa de inflación. También avanzó la inflación subyacente, que excluye energía, alimentos, alcohol y tabaco: pasó del 2.6% al 2.8% anual.
Associated Press reportó que economistas esperan un incremento de la tasa del Banco de Inglaterra, actualmente en 3.75%, hasta el 4% en su reunión del 5 de noviembre. Esa es una previsión, todavía pendiente de la decisión del banco.
En Nueva Zelanda, Stats NZ informó el 22 de octubre que la inflación anual se moderó al 3.7% en el trimestre terminado en septiembre, frente al 4.1% del trimestre terminado en junio. La subida de precios entre ambos trimestres fue del 0.7%.
La gasolina fue su mayor contribuyente al alza anual, con un encarecimiento del 19.1%. A la vez, bajó un 6.5% respecto al trimestre anterior. La comparación muestra cómo una caída reciente del combustible puede convivir con presión sobre la inflación anual: el precio seguía por encima del registrado en el mismo periodo de 2025.
El indicador neozelandés seguía fuera del rango objetivo del banco central, del 1% al 3%. La moderación describe un aumento más lento del costo de vida; el índice general de precios continuó subiendo.
India ya subió su tasa y Corea del Sur hizo una pausa
El Banco de la Reserva de India elevó su tasa de referencia en 25 puntos básicos, hasta el 5.50%, el 7 de octubre. Las actas publicadas dos semanas después indican que, bajo las condiciones actuales, las próximas opciones son otra subida o una pausa. Los recortes quedaron fuera del horizonte inmediato.
El documento señala que la política monetaria actúa sobre los efectos posteriores de un choque de oferta, especialmente las expectativas de inflación y la fijación de precios de las empresas. Aunque el aumento de tasas fue unánime, dos miembros preferían conservar una orientación neutral para las decisiones futuras.
Corea del Sur mantuvo su tasa en 3.00% el 22 de octubre, también por unanimidad. Su banco central optó por evaluar el efecto de dos subidas previas y las incertidumbres externas. La inflación de septiembre fue del 2.9% anual; la subyacente, que excluye alimentos y energía, del 2.8%.
El banco surcoreano anticipa una inflación superior a su objetivo durante un periodo prolongado y decidirá el momento y ritmo de nuevos aumentos según los precios, la actividad y los riesgos financieros.
Australia busca evitar que el choque energético se vuelva persistente
Andrew Hauser, vicegobernador del Banco de la Reserva de Australia (RBA), advirtió el 21 de octubre que las perspectivas de inflación habían empeorado sustancialmente respecto a las previsiones de agosto. Entre las presiones identificó el petróleo, el auge de la inversión tecnológica y las limitaciones de capacidad productiva.
Su advertencia llega después de la cuarta subida de tasas australiana de 2026, aprobada en septiembre.

Hauser explicó que la política monetaria busca impedir que el choque termine alimentando expectativas de inflación y aumentos posteriores de precios. Al mismo tiempo, reconoció que una respuesta más restrictiva implica menor actividad y un mercado laboral más débil, cuando el consumo ya muestra poco dinamismo.
Para los hogares, ese es el costo que enfrenta el RBA: contener una inflación persistente puede exigir un freno adicional a la economía, encima de la pérdida de poder adquisitivo provocada por la energía más cara.
