Investigadores de Case Western Reserve University trazaron un mapa de células sensoriales distribuidas por el cuerpo de crías de calamar. Sus haces de filamentos detectan movimientos del agua y recuerdan a los sensores del oído humano, una semejanza que el equipo quiere aprovechar para investigar cómo se pierde la audición.
El trabajo apareció en Current Biology el 21 de septiembre de 2026 y la universidad lo difundió el 1 de octubre. Según el resumen científico disponible en PubMed, los autores estudiaron paralarvas de nado libre de Doryteuthis pealeii, una fase temprana del desarrollo del animal.
Un sistema sensorial más allá de la cabeza y los brazos
Hasta ahora, las líneas laterales del calamar, agrupaciones de células que perciben movimiento, se habían descrito en detalle en la cabeza y los brazos. El nuevo mapa muestra una organización más extensa, con conjuntos de sensores sobre el manto, la parte principal del cuerpo.
La universidad informa que identificaron cientos de células adicionales mediante microscopía de lámina de luz. Esta técnica ilumina una sección del ejemplar a la vez y permite reconstruir imágenes tridimensionales con menor daño al tejido.
Los haces cambiaban de longitud, densidad y ubicación. En unas regiones formaban líneas compactas; en otras, campos amplios. El estudio también identificó prolongaciones nerviosas que conectan las células del manto con el ganglio estrellado, un centro nervioso del calamar.
Qué aporta la comparación con el oído
En humanos, las células sensoriales están dentro de la cóclea. El Instituto Nacional de la Sordera y Otros Trastornos de la Comunicación de Estados Unidos (NIDCD) explica que las vibraciones mueven el líquido de ese órgano y su membrana basilar. Los estereocilios, diminutas proyecciones sobre las células, se doblan y activan señales eléctricas que el nervio auditivo lleva al cerebro.
La universidad plantea que las diferencias de longitud de los haces del calamar podrían ayudar a distinguir frecuencias de movimiento del agua. Esa propuesta conecta la diversidad de sus sensores con la capacidad del oído para responder a distintos tonos.
El NIDCD señala que gran parte de la pérdida auditiva inducida por ruido se debe al daño y la muerte de estas células, que en humanos no vuelven a crecer. Brian McDermott, responsable del equipo, propone estudiar los haces del calamar para comprender el daño relacionado con la sordera.
El hallazgo es anatómico y procede de calamares; no presenta resultados de un tratamiento en personas. Su utilidad experimental está en la ubicación de los receptores: al estar sobre la superficie del animal, ofrecen una vía para investigar estructuras sensoriales que en humanos permanecen dentro del oído interno.