Un análisis de la Universidad de Virginia (UVA) encontró que, en relatos de supuestas vidas pasadas, las muertes inesperadas se asociaban con un intervalo menor entre el fallecimiento y el nacimiento de quien después decía recordar esa vida. El trabajo examinó 1,678 expedientes, pero no demuestra que haya ocurrido una reencarnación.
UVA Health difundió los resultados el 19 de octubre de 2026. La investigación, de Saeedeh Sadeghi, Marieta Pehlivanova y Philip J. Cozzolino, aparece en la revista Psychology of Consciousness: Theory, Research, and Practice.
El intervalo termina en el nacimiento
La medida estudiada es el tiempo entre dos fechas: la muerte de una persona identificada en el expediente y el nacimiento del niño al que se vinculó su historia. La edad a la que el menor comenzó a contar los supuestos recuerdos queda fuera de ese intervalo.
Según ScienceAlert, había datos temporales utilizables en 1,319 casos, con una mediana general de 16 meses. El resumen científico publicado por APA sitúa las medianas en unos 21 meses para las muertes menos inesperadas y 12 meses para las más inesperadas.
La diferencia entre esos extremos es de nueve meses, alrededor del 43%. Se trata de una comparación entre grupos del archivo, no de un plazo que pueda asignarse a cada relato individual.
Una diferencia entre grupos con un efecto limitado
ScienceAlert señala que el carácter inesperado de la muerte explicaba aproximadamente del 2% al 3% de la variación en los intervalos. Esa medida describe cuánto ayudan las circunstancias del fallecimiento a explicar las diferencias entre casos. El porcentaje de reducción entre medianas responde a otra pregunta; ambas cifras pueden coexistir.
Para formar la muestra, los investigadores seleccionaron expedientes en los que habían identificado a un fallecido cuyos datos biográficos parecían corresponder con las declaraciones recogidas. La muestra procede del archivo de la División de Estudios Perceptivos de UVA, no de una selección aleatoria de la población.
El equipo examinó si la asociación cambiaba según la calidad de la verificación, la posible contaminación de los recuerdos, la relación entre familias, la motivación por estatus social y las creencias sobre reencarnación. El patrón persistió y resultó más fuerte en familias cuyas religiones no respaldaban esa creencia, según el comunicado institucional.
El resumen del artículo advierte expresamente sobre posibles sesgos de selección y el carácter observacional de los datos. Que las comprobaciones realizadas no expliquen la asociación deja abierta la búsqueda de otras explicaciones.
Los autores proponen investigar casos contemporáneos para aclarar los mecanismos. Pehlivanova plantea ampliar el trabajo hacia patrones que puedan ponerse a prueba de forma sistemática.