Sherry Turkle advierte que buscar afecto en los chatbots puede debilitar las relaciones humanas. La psicóloga y socióloga del MIT sostiene que la "intimidad artificial" acostumbra a los usuarios a recibir atención y validación sin las exigencias de una relación recíproca.
Su libro, "Artificial Intimacy", se publicó el 29 de septiembre de 2026. En MIT News, explicó que esa experiencia puede llevar a percibir a las personas como interlocutores demasiado difíciles o poco empáticos.
Turkle llama "empatía fingida" a la respuesta afectuosa de un programa. Su preocupación es que esa simulación desplace vínculos humanos. Dos investigaciones permiten examinar parte de su argumento desde diseños distintos.
El contacto presencial aparece en el seguimiento de un año
Un preprint del 7 de septiembre de 2026, encabezado por Yutong Zhang, siguió a usuarios adultos de Character.AI en Estados Unidos. De 1,182 participantes iniciales, 439 respondieron otra encuesta tras un intervalo medio de unos 12 meses.
El uso sostenido como compañía se asoció con menor bienestar y menos interacción presencial, un patrón compatible con la preocupación de Turkle por la sustitución del contacto humano.
Fue un seguimiento observacional basado en gran medida en respuestas de los participantes. La pérdida entre encuestas fue del 62.9 %. Los autores aplicaron ajustes estadísticos, pero reconocen posibles sesgos por factores no observados. La muestra incluyó solo angloparlantes.
Un experimento con límites para hablar de causalidad
Otro preprint, de 2025, estudió durante cuatro semanas a 981 participantes. Investigadores del MIT Media Lab y OpenAI les asignaron distintas modalidades de ChatGPT, por texto o voz, y tipos de conversación. No detectaron efectos significativos de esas condiciones sobre los resultados psicosociales evaluados.
Sí observaron que quienes lo usaban más por decisión propia presentaban más soledad, dependencia emocional y uso problemático, además de menor socialización. Ese tiempo de uso no fue asignado al azar. El trabajo tampoco comparó utilizar IA con abstenerse de ella: comparó configuraciones entre usuarios de ChatGPT.
La asociación merece atención, pero atribuirle causalidad excede lo que esos diseños establecen. Ambos trabajos examinan patrones de uso y bienestar; la crítica de Turkle abarca también qué expectativas aprendemos a tener de una relación. El experimento fue financiado por OpenAI e incluyó empleados de la empresa entre sus autores.
El 15 de octubre de 2026, Turkle pidió en Say More evitar los chatbots en primera persona antes de los 18 años.