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Biología

El ADN de Jonathan, la tortuga de 194 años, ofrece pistas sobre la longevidad

Un análisis genético de Jonathan identifica variantes y patrones de regulación que podrían contribuir a su larga vida. El estudio compara su ADN con el de otras tortugas, sin demostrar la causa de su longevidad.

por Patricia Rodriguez
Jonathan, la tortuga más antigua del mundo, en el césped de Plantation House en la isla de Santa Helena.
Imagen de archivo (2022) · Foto: Kevin Gepford, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons

Un equipo de investigadores analizó el ADN de Jonathan, la tortuga gigante con una edad estimada de 194 años, e identificó variantes genéticas y patrones de regulación que podrían contribuir a su longevidad. El trabajo ofrece pistas para investigar el envejecimiento, aunque todavía falta demostrar qué efecto tienen esos rasgos sobre su supervivencia.

La investigación, publicada el 7 de octubre de 2026 en Science Advances, fue liderada por científicos de Kallel, una organización estadounidense dedicada al estudio de la longevidad. Tennessee Oncology, institución de uno de los coautores, informó que el equipo identificó 287 variantes genéticas únicas relacionadas con procesos de reparación del ADN, inflamación, regulación de la insulina y supresión del cáncer. Son candidatas para investigar, no causas demostradas de su larga vida.

Jonathan vive en Santa Elena, una isla del Atlántico Sur. Guinness World Records lo reconoce como el animal terrestre vivo más longevo conocido. Su edad se calcula a partir de su llegada a la isla en 1882, cuando ya era adulto y se estimaba que tenía al menos 50 años. Por eso, 1832 es un año de nacimiento aproximado.

La pista está en cómo se regulan ciertos genes

El análisis también examinó el epigenoma, el conjunto de modificaciones químicas que influyen en la actividad de los genes sin cambiar la secuencia del ADN. Una de ellas es la metilación, que consiste en añadir pequeñas marcas químicas al ADN.

El resumen científico publicado por Igenbio describe una comparación con otras cuatro tortugas gigantes de Aldabra, desde un ejemplar de cinco años hasta adultos de mayor edad. Los investigadores encontraron regiones con menor entropía de metilación en Jonathan, especialmente en promotores de genes relacionados con la producción de energía en las mitocondrias y el metabolismo del ARN. Los promotores son regiones que ayudan a controlar la actividad de los genes; la entropía mide el desorden de sus patrones de metilación.

La hipótesis del equipo es que conservar patrones más ordenados en esas regiones podría favorecer una expresión estable de genes necesarios para mantener el funcionamiento celular. El resultado señala zonas concretas que merecen estudiarse.

También hay señales de envejecimiento. En su comunicado sobre la investigación, Igenbio explica que la regulación epigenética presenta más ruido en el conjunto del genoma de Jonathan, aunque algunas regiones conservan mayor estabilidad. Presentar todo su ADN como juvenil borraría esa diferencia. La comparación entre animales de distintas edades tampoco equivale a haber seguido sus cambios moleculares durante casi dos siglos.

Las muestras dejan preguntas abiertas

Obtener su material genético exigió precauciones. Según Live Science, las autoridades de Santa Elena prohibieron extraerle sangre por temor a una infección. El equipo recurrió a muestras del interior de la boca; los primeros hisopos aportaron ADN bacteriano y fue necesario recoger células mediante raspados.

El ADN obtenido estaba fragmentado. Para completar la reconstrucción, los investigadores utilizaron un genoma de referencia de otra tortuga de Aldabra llamada Tank. Esa dependencia limita lo que puede atribuirse con certeza al ejemplar centenario.

Vincent Lynch, biólogo de la Universidad de Buffalo que no participó en el estudio, señaló a Live Science que examinar distintos tejidos permitiría conocer mejor las mutaciones acumuladas en cada órgano. También cuestionó la utilidad de la entropía como medida del envejecimiento, aunque consideró valiosos los genes identificados para futuras investigaciones.

Jonathan aporta un caso de longevidad extrema y un conjunto de candidatos moleculares para estudiar. La tarea siguiente es comprobar su función en más tortugas y determinar si los mecanismos identificados se conservan en otras especies.

Fuentes: 1, 2, 3, 4

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por Patricia Rodriguez

Patricia Rodriguez es redactora de FomoEra. Cubre tecnología, ciencia, inteligencia artificial, negocios y actualidad digital. También trabaja en escritura y edición de contenido audiovisual.

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