Un equipo de UNICOG, en Francia, encontró un mapa cerebral que organiza enteros y fracciones según su valor cuando las personas comparan cantidades. El estudio, publicado el 22 de octubre de 2026 en PLOS Biology, aporta evidencia de cómo ambos formatos pueden integrarse durante una misma tarea matemática.
La investigación amplía un trabajo previo sobre las fracciones. En 2009, Simon N. Jacob y Andreas Nieder ya habían observado respuestas a su magnitud en el surco intraparietal, una región implicada en el procesamiento de enteros. El nuevo artículo examina cómo se ordenan ambos formatos cuando se comparan entre sí.
Cómo observaron el mapa de las cantidades
El equipo encabezado por Daniela Valério y Stanislas Dehaene utilizó resonancia magnética funcional de 7 teslas. Esta técnica mide cambios asociados al flujo sanguíneo como indicador indirecto de actividad cerebral. Cada participante debía decidir si el número mostrado era mayor o menor que el anterior.
El experimento incluyó seis enteros, del 0 al 5, y seis fracciones. Se analizaron imágenes de 20 adultos, todos hablantes nativos de francés y con bachillerato de orientación científica. Las respuestas de conducta procedieron de 19 personas porque falló un botón de respuesta de otro participante.
En la parte anterior del surco intraparietal, con extensión hacia la corteza parietal inferior, los investigadores encontraron preferencias por distintas magnitudes distribuidas de forma ordenada. Los valores pequeños y grandes ocupaban posiciones diferentes, y la organización era compartida por enteros y fracciones.
El valor de 1/4, por ejemplo, está cerca de cero aunque contenga el dígito 4. El neurocientífico Abiot Derbie, ajeno al estudio, explicó a Live Science que los patrones observados reflejaban esa relación numérica más allá de los dígitos.
La tarea también pudo influir en el resultado
Compartir una representación de la magnitud coexistió con diferencias entre formatos. Los participantes tardaron más y cometieron más errores con las fracciones. También les costó más distinguir cantidades próximas, un patrón conocido como efecto de distancia numérica.
Los autores reconocen que intercalar enteros y fracciones pudo impulsar a los participantes a construir una representación común. Sigue abierta la cuestión de si la tarea refuerza un mapa preexistente o favorece uno que se organiza para resolver esa comparación. El experimento se centró en adultos con formación científica y en un conjunto pequeño de valores.
"Nuestro estudio no fue diseñado para explicar por qué las fracciones son más difíciles de aprender o comprender", dijeron Valério y Dehaene a Live Science. Para estudiar el aprendizaje, Derbie propuso seguir a niños antes y después de recibir enseñanza sobre fracciones.
Entre las comprobaciones futuras que plantea el artículo figura presentar enteros y fracciones en series separadas. Esa prueba permitiría examinar cuánto depende su alineación del contexto de la comparación.