La activación de un subtipo de astrocitos mejoró la recuperación motora tras un ictus o accidente cerebrovascular en ratones, según un estudio de Baylor College of Medicine publicado el 21 de octubre de 2026 en Nature. Estas células se distinguen por portar la proteína CD51 y favorecen la reorganización de conexiones entre neuronas.
Los astrocitos son células de la glía que ayudan a mantener y regular el funcionamiento neuronal. El equipo creó ratones CD51-FLP y herramientas genéticas para manipular por separado los astrocitos con esa proteína (CD51+) y los que carecen de ella (CD51-), explica el comunicado de Baylor.
La diversidad ya tenía antecedentes. Un trabajo de 2017 en Nature Neuroscience identificó cinco subpoblaciones en tres regiones cerebrales, con diferencias en cómo favorecían la formación de sinapsis. Ahora, las herramientas basadas en CD51 permiten contrastar funciones en circuitos de animales vivos.
La recuperación se evaluó con una prueba motora
En el modelo de ictus isquémico, los investigadores estimularon los astrocitos entre los días 7 y 21 posteriores a la lesión. La prueba motora incluyó 10 ratones con activación CD51+ y nueve en cada grupo comparador.
Los animales con activación CD51+ mejoraron al caminar sobre una rejilla y presentaron más sinapsis alrededor del infarto. El volumen de la lesión fue semejante entre grupos; los autores relacionan la mejoría con la remodelación de circuitos.
La región y el número de células cambian la comparación
En la corteza en desarrollo, los CD51+ promovieron sinapsis mediante la proteína glypican 6. En el hipocampo, implicado en la memoria, la propia CD51 intervino en la plasticidad, la capacidad de modificar las conexiones.
La comparación tiene un matiz: activar una población amplia de CD51- también mejoró pruebas de memoria. Al comparar proporciones semejantes de células activadas, alrededor del 20 % de los astrocitos del hipocampo, la mejora solo se observó con CD51+. El resultado apunta a una diferencia de eficacia entre subtipos.
Son experimentos preclínicos y no demuestran una terapia eficaz en personas. La nueva herramienta permite investigar qué población celular contribuye a cada función y dirigir intervenciones experimentales a un subtipo concreto.