Un mayor consumo de alimentos ultraprocesados se asoció con más lesiones vasculares cerebrales detectadas por resonancia magnética en un estudio canadiense. El hallazgo es observacional: no demuestra que estos productos causaran las lesiones.
El trabajo, publicado el 15 de octubre de 2026 en JAMA Network Open, analizó datos de 8,783 adultos de 35 a 69 años, sin enfermedad cardiovascular. Lo encabezó el Population Health Research Institute (PHRI), de McMaster University y Hamilton Health Sciences. Los participantes completaron cuestionarios alimentarios y se sometieron a una evaluación con resonancia, sin seguimiento temporal en este análisis.
Según el PHRI, estas alteraciones pueden aparecer sin síntomas evidentes y preceder a problemas de memoria o a un accidente cerebrovascular, también llamado ictus.
La diferencia observada fue de 3.2 puntos porcentuales
El artículo reportó lesiones en el 8.1 % del grupo de menor consumo y en el 11.3 % del de mayor consumo: una diferencia observada de 3.2 puntos porcentuales.
Tras los ajustes estadísticos, la razón de momios fue 1.40, con un intervalo de confianza del 95 % de 1.10 a 1.77. El 40 % más describe esa medida de asociación; la proporción de afectados aparece en los porcentajes anteriores.
El resultado apareció al medir el consumo en raciones por cada 2,000 calorías diarias. Al usar el porcentaje de calorías o del total de raciones, la asociación perdió significación estadística. Las pruebas cognitivas tampoco mostraron una asociación significativa con el consumo en el análisis principal.
Congelar un alimento no lo convierte en ultraprocesado
Los investigadores clasificaron la dieta con NOVA. Este sistema distingue cuatro grupos según el alcance y el propósito del procesamiento industrial. Una explicación metodológica publicada en 2019 en Public Health Nutrition precisa que congelar, pasteurizar o secar puede formar parte del procesamiento mínimo.
Los ultraprocesados son formulaciones que suelen combinar sustancias de uso industrial con ingredientes y aditivos destinados a modificar el sabor, el color o la textura. Entre los ejemplos descritos por los autores están los refrescos, los aperitivos envasados y los fideos instantáneos.
La composición importa. Los autores sitúan un pan de harina, agua, sal y levadura entre los alimentos procesados; si incorpora emulsionantes o colorantes, lo clasifican como ultraprocesado. Así, identificar la categoría exige atender a la formulación y a la fabricación, además de cómo se vende o conserva el producto.
Los ensayos sobre peso responden otra pregunta
Existe evidencia experimental sobre otros efectos. En 2019, los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH) publicaron un ensayo con 20 adultos que permanecieron un mes en un centro clínico. Cada participante recibió dos semanas de dieta ultraprocesada y dos de dieta mínimamente procesada, en orden aleatorio.
Las comidas ofrecidas tenían cantidades equivalentes de calorías y de varios nutrientes, y los voluntarios podían comer cuanto quisieran. Durante la dieta ultraprocesada consumieron unas 500 calorías diarias adicionales y ganaron, en promedio, 0.9 kilogramos; con la otra dieta perdieron una cantidad equivalente.
Ese ensayo evaluó la ingesta y el peso. Sus resultados aportan evidencia causal para esos desenlaces bajo las condiciones del experimento, pero no establecen un efecto sobre las lesiones cerebrales observadas en Canadá.
Para estudiar ese vínculo, el PHRI informó que ya está en marcha un seguimiento con resonancias repetidas. El equipo busca aclarar si reducir los ultraprocesados puede frenar o prevenir los cambios detectados.