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Espacio

Un vuelo Londres-Nueva York registró 42.6 % más radiación durante una tormenta solar

Sensores en aviones, globos y tierra reconstruyeron la exposición durante la tormenta solar de noviembre de 2025. Las diferencias por horario y altura explican por qué una sola cifra no describe todos los vuelos.

por Patricia Rodriguez
Varios de los monitores Saira utilizados en aviones comerciales
Foto: surrey.ac.uk, vía surrey.ac.uk

Un vuelo de Londres a Nueva York registró 42.6 % más dosis de radiación que el promedio habitual de esa ruta durante la tormenta solar del 11 de noviembre de 2025. Un estudio liderado por la Universidad de Surrey reconstruye el episodio y muestra cómo variaron las mediciones según el lugar y la altura.

El trabajo, publicado el 20 de octubre de 2026 en la revista científica Space Weather y revisado por pares, combina detectores terrestres, sensores en dos vuelos transatlánticos y cuatro globos meteorológicos. Participaron el servicio meteorológico británico Met Office y el instituto neerlandés KNMI, entre otras instituciones.

El fenómeno se conoce como GLE, un aumento de radiación asociado a partículas solares de suficiente energía para producir cambios detectables incluso desde el suelo. Según Surrey, fue el mayor observado en casi 20 años.

La dosis total da escala al porcentaje

La tabla del estudio recoge 52.9 microsieverts de dosis equivalente ambiental acumulada en el vuelo a JFK, frente a 37.1 microsieverts de promedio en 13 vuelos de referencia. La diferencia es de 15.8 microsieverts. Esta magnitud se utiliza en protección radiológica para caracterizar la exposición.

Los autores precisan que el resultado quedó dentro de dos desviaciones estándar de la media de referencia, lo que refleja la variabilidad entre vuelos. El avión tampoco registró valores superiores a los umbrales de aviso de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI).

El comunicado de Surrey menciona un aumento del 46 %. El 42.6 % corresponde al artículo científico y a su tabla de resultados.

Ben Clewer, coautor e investigador de Surrey, dijo a Metro que el riesgo inmediato para los pasajeros de aquel episodio parece haber sido bajo. Situó la preocupación a más largo plazo en las tripulaciones y las personas que vuelan con mucha frecuencia, cuya exposición se acumula.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) explican que la radiación habitual durante los viajes aéreos es baja. La dosis depende de la duración, la altura y la latitud: la atmósfera protege menos a mayor altura, y la exposición aumenta hacia los polos.

Las mayores mediciones llegaron de los globos

El segundo vuelo estudiado, de Heathrow a Newark, salió varias horas después y no mostró un aumento significativo de exposición. La diferencia temporal ayuda a entender por qué el porcentaje del primer avión no representa a todos los vuelos de aquel día.

Los globos lanzados desde Lerwick, en las islas Shetland, encontraron valores más altos a alturas utilizadas por jets ejecutivos y aviones supersónicos. El comunicado de Surrey los sitúa por encima de los niveles de aviso "moderado" y "severo", respectivamente.

El artículo advierte que esa comparación requiere distinguir magnitudes: los instrumentos estiman dosis equivalente ambiental y los umbrales de la OACI se definen con dosis efectiva. Los investigadores consideran probable que se rebasaran esos umbrales, pero ambas magnitudes pueden diferir.

Surrey plantea combinar las mediciones directas de la atmósfera con los modelos de pronóstico, que hoy sustentan gran parte de los avisos internacionales. Esa combinación permitiría evaluar mejor la exposición en rutas y alturas concretas durante futuras tormentas solares.

Fuentes: 1, 2, 3, 4

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por Patricia Rodriguez

Patricia Rodriguez es redactora de FomoEra. Cubre tecnología, ciencia, inteligencia artificial, negocios y actualidad digital. También trabaja en escritura y edición de contenido audiovisual.

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