Un equipo de Oxford halló proteínas en sangre asociadas con el riesgo futuro de cáncer de próstata, incluidas sus formas agresivas. Su utilidad para predecir el riesgo individual todavía debe validarse.
El estudio se publicó en European Urology el 21 de octubre de 2026 y recibió financiación parcial de Cancer Research UK.
Según el comunicado de Oxford, el análisis incluyó muestras de 982 hombres que después desarrollaron cáncer de próstata y de 1,573 participantes seleccionados al azar del estudio europeo EPIC. Se midieron más de 6,000 proteínas y el seguimiento rondó los 16 años.
Doce proteínas se asociaron con diagnósticos realizados más de 15 años después de la extracción, entre ellas GZMK, relacionada con el sistema inmunitario. También se identificaron siete asociadas con enfermedad agresiva; ANKRD1 se vinculó con formas diseminadas o mortales.
Una asociación todavía debe demostrar capacidad predictiva
Fue un estudio observacional de casos y subcohorte, con muestras recogidas antes del diagnóstico. Ese diseño permite buscar señales tempranas, pero la asociación por sí sola no demuestra que una proteína cause el cáncer ni que pueda predecirlo de forma fiable en una persona.
En una evaluación publicada por el Science Media Centre, Mieke Van Hemelrijck, catedrática de epidemiología del cáncer en King's College London, destaca que las diferencias relativas de riesgo fueron generalmente modestas. Pide comprobar qué significan en términos de riesgo absoluto y cuánto añaden frente a los métodos existentes.
Prabhakar Rajan, catedrático de urología y cirugía robótica en Queen Mary University of London, señala que falta información sobre la agresividad de algunos tumores y que ciertas asociaciones podrían deberse al azar. Reclama estudios independientes en poblaciones diversas para establecer si estos marcadores mejoran la evaluación del riesgo.
El reto de distinguir los tumores que necesitan tratamiento
El PSA, o antígeno prostático específico, ya es una proteína utilizada en la evaluación del cáncer de próstata. El Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos explica que sus niveles también pueden elevarse por afecciones benignas. Un resultado elevado puede llevar a biopsias que no encuentren cáncer.
El organismo distingue ese falso positivo del sobrediagnóstico: detectar un tumor que nunca habría causado síntomas ni amenazado la vida. Tratar esos casos puede ocasionar daños, incluidos problemas urinarios y sexuales.
Ese es el problema clínico que una nueva prueba tendría que ayudar a resolver. Rajan considera que aún falta demostrar una ventaja frente al PSA y la resonancia magnética, o una mejora para distinguir los cánceres que requieren tratamiento de aquellos que pueden vigilarse.
Oxford continuará esta línea mediante su programa PCAP, dedicado a las causas y la prevención del cáncer de próstata. El programa prevé combinar proteínas, información genética e historia médica para investigar cómo identificar a los hombres con mayor riesgo.