Un implante experimental desarrollado en ETH Zurich redujo la glucosa sin administrar insulina ni otros fármacos en ratones con obesidad y diabetes tipo 2. El dispositivo, llamado ECHO, transforma parte del azúcar en un compuesto que puede eliminarse por la orina. Todavía no se ha probado en personas.
El estudio de Debasis Maity y el equipo dirigido por Martin Fussenegger se publicó el 22 de octubre de 2026 en Science, tras revisión por pares.
Cómo transforma la glucosa
El componente activo combina una base de fieltro de grafito con estructuras de oro recubiertas de partículas de platino, según ETH Zurich. Al recibir electricidad, acelera la conversión de glucosa en gluconato, que puede eliminarse a través de los riñones.
Un monitor continuo mide la glucosa en el tejido y comunica sus lecturas a un smartphone. Cuando el nivel supera el umbral establecido, el sistema activa el implante; al alcanzar el objetivo, lo apaga. El prototipo recibe energía inalámbrica a 13.56 MHz.
El control automático ya se utiliza en otros dispositivos. El NIDDK, instituto de los NIH estadounidenses, describe sistemas de páncreas artificial que combinan sensor, programa de control y bomba de insulina. ECHO utiliza las mediciones para activar una reacción química que transforma glucosa y facilita su eliminación.
Seis semanas de tratamiento y doce días de control automático
Según el resumen del estudio difundido por la AAAS, editora de Science, la activación inalámbrica restableció niveles normales de glucosa en una hora en los ratones estudiados. Tras seis semanas de tratamiento, se registraron reducciones de peso y triglicéridos, junto con aumentos de ácidos grasos libres y cuerpos cetónicos. El equipo observó un mayor uso de grasa como fuente de energía.
Los investigadores no detectaron episodios de hipoglucemia, es decir, azúcar demasiado baja, durante esas pruebas.
José M. Ordovás, investigador de la Universidad Tufts consultado por el Science Media Centre España, precisa que el funcionamiento completamente automático se evaluó durante doce días. También advierte que se trabajó con grupos pequeños de ratones con una alteración genética concreta, que representan solo una parte de la diversidad de estas enfermedades.
En otro experimento, ETH Zurich probó el catalizador en cinco litros de solución nutritiva con glucosa, un volumen comparable al de sangre de un adulto. La prueba se hizo en un depósito de laboratorio.
Los riñones y el metabolismo requieren más estudio
Ordovás señala que falta estudiar qué sucede cuando la función renal está deteriorada y comprobar la seguridad del implante a largo plazo.
Josefa García Barrado, profesora de Farmacología de la Universidad de Salamanca, plantea en el mismo SMC dudas sobre los posibles productos de la reacción en distintos entornos del organismo. También pide investigar las consecuencias metabólicas de elevar los ácidos grasos y los cuerpos cetónicos durante periodos prolongados.
El equipo de ETH Zurich planea desarrollar el sistema como dispositivo médico. Para Ordovás, su eventual éxito en pacientes deberá medirse también por la reducción de complicaciones y la mejora de la calidad de vida.